Con el inicio de un nuevo año, el regreso a las rutinas laborales y escolares, en muchos hogares surge la misma duda: ¿cuál es el momento adecuado para guardar el árbol de Navidad? Aunque para algunas personas las celebraciones terminan el 31 de diciembre, la tradición cultural y religiosa indica que el periodo festivo se extiende más allá de esa fecha.

De acuerdo con referencias históricas y religiosas, el retiro del árbol no está relacionado con el comienzo del Año Nuevo, sino con el significado de los llamados Doce Días de Navidad, un concepto que suele generar confusión. Esta costumbre tiene su origen en la tradición cristiana europea y marca un lapso específico dentro del calendario litúrgico.
A diferencia de lo que muchos creen, estos doce días no anteceden al 25 de diciembre. Inician precisamente en Navidad y concluyen el 6 de enero, cuando se celebra la Epifanía, fecha que conmemora la visita de los Reyes Magos al Niño Jesús y que, dentro del cristianismo, representa el cierre formal de la temporada navideña.
Durante siglos, iglesias y comunidades esperaban hasta el Día de Reyes para retirar adornos, coronas y árboles. Registros litúrgicos señalan que hacerlo antes de la Epifanía se consideraba inapropiado, mientras que prolongar la decoración más allá de esa fecha rompía con el orden simbólico del calendario religioso.

Incluso, el folclore de algunas regiones europeas advertía que mantener los adornos después del 6 de enero podía atraer mala fortuna, lo que reforzó la idea de que ese día marcaba el final definitivo de la Navidad.
Más allá del simbolismo, existen motivos prácticos que influyen en esta decisión. La National Fire Protection Association advierte que los árboles naturales, cuando permanecen mucho tiempo en interiores sin el cuidado adecuado, pueden secarse y representar un riesgo de incendio, sobre todo si conservan luces eléctricas.
En contraste, los modelos artificiales ofrecen mayor flexibilidad y no implican los mismos peligros, lo que permite extender su permanencia sin complicaciones. Por ello, la elección suele depender del tipo de árbol y de las condiciones del hogar.

En la actualidad, muchos hábitos se han alejado de la tradición estricta. Estudios del Pew Research Center indican que la mayoría de las personas retira las decoraciones durante la primera quincena de enero, motivadas por el deseo de comenzar el año con un ambiente renovado.
Aun así, algunos hogares optan por conservarlas unos días más por una razón sencilla: el bienestar emocional. En temporadas invernales largas, las luces, adornos aportan calidez y una sensación de continuidad tras las fiestas.
Al final, decidir cuándo guardar el árbol es una combinación de historia, seguridad y preferencias personales. Ya sea el 6 de enero o algunos días después, la elección sigue siendo profundamente personal.
