John Fante no gozó de mucha popularidad como escritor y sobrevivía escribiendo guiones para televisión. John Fante no gozó de mucha popularidad como escritor y sobrevivía escribiendo guiones para televisión.

Pregúntale al polvo

Escrito por  Lunes, 03 Abril 2017 05:35

Pregúntale al polvo de la carretera y a las hojas

que caen, pregúntale al misterioso Dios de la vida…

 

Knut Hamsun

Hace varios meses recomendé la lectura de La senda del perdedor, una novela del germano-estadounidense Charles Bukowski (1920-1994). En esta ocasión me voy a referir a la obra que influyó directamente a dicha novela y en la obra del propio Bukowski: Pregúntale al polvo, del escritor ítalo-estadounidense John Fante (1909-1983).

La relación entre estos dos escritores resulta muy peculiar. Fante es considerado algo así como el «abuelo» del realismo sucio, esa corriente literaria nacida en Estados Unidos que, entre sus principales características, está compuesta por personajes que llevan una vida convencional, pero son tachados de vulgares y corrientes. En este sentido, Bukowski es el mayor exponente de ese estilo literario.

La novela Pregúntale al polvo fue publicada por primera vez en 1938, en plena década de la Gran Depresión. No hubo mayores noticias respecto de la publicación y debió esperar varias décadas para que ello sucediera.

Resulta que Bukowski prologó una edición de esa novela en 1979. Derivado de ello, la obra encabezó las listas de venta en la década de los ochenta en Estados Unidos.

Pregúntale al polvo es una historia protagonizada por Arturo Bandini (alter ego del propio Fante), un aprendiz de escritor que vive en una pensión decadente de Los Ángeles, donde sobrevive comiendo naranjas. Una pensión habitada por otros seres como él: hundidos en la miseria, pero con cierta esperanza que les permite mantenerse atados a la vida.

 

Por ejemplo, el viejo Hellfrick, ateo y militar jubilado que frecuentemente bebe güisqui de dudosa calidad y suele pedirle dinero prestado, muy a pesar de las condiciones de Bandini. Destaca también la señora Hargraves, viuda y dueña de la pensión, una mujer puritana con un dejo de xenofobia.

El joven se enfrenta a una serie de dificultades y desde el primer párrafo de la novela lo hace saber: recibió una nota en la que la casera le advierte que si no paga el alquiler, debe abandonar la estancia.

A raíz de ello, Bandini inicia una serie de vagabundeos por una ciudad de Los Ángeles más bien decadente, no ajena a los tiempos de crisis que vivió el país en esa década. La noche está presente en prácticamente toda la novela, con personajes como sombras que pasan y no se ven. La pobreza es la que dicta el comportamiento de aquellos que se atreven a vivir.

Cierto día, Arturo Bandini escribe un cuento y es publicado, pero pasa sin pena ni gloria por la opinión pública. El joven acumula sus días en busca de un editor, sueña con ser de los grandes escritores; constantemente se construye un futuro brillante en su interior y ello lo lleva a imaginar, incluso, un viaje a Estocolmo para recibir el Nobel…

Pero la realidad se le embadurna en la cara una y otra vez. Y se enamora, el buen Bandini. Queda enamorado de Camila López, una camarera de origen mexicano del restaurante donde suele tomar café. Pero su amor no es correspondido como él quisiera y se convierte más bien en una relación un tanto tormentosa.

Si bien, Fante está incrustado en el realismo sucio, cabe destacar el profundo humanismo de los personajes de la que está considerada como su mejor obra. No hay sino honestidad en las palabras de Fante y eso le da un plus a la lectura. Se trata de una historia con tintes autobiográficos que el autor no intentó ocultar y que la convierten en una historia para recordar, con todos sus personajes: grises, amarillentos, sombríos, pero humanos. Y también los lugares, cada sitio deshabitado, fantasmal.

La novela está narrada por el propio Bandini, lo que la hace más personal. El texto es fluido, directo. Hay escenas que poseen una belleza memorable. Por ejemplo, una noche, Bandini y Camila van a una playa. Fante narra aquel encuentro con las entrañas y el lector lo percibe, lo disfruta y llegan los olores de esa noche. Y el final… También se recrea una imagen brillante.

Pregúntale al polvo tiene un antecedente directo en otra novela: Hambre (1890), del noruego y Nobel (1920) Knut Hamsun, una influencia de John Fante. Es decir, hay un puente entre las obras que puede convivir como Hambre-Pregúntale al polvo-La senda del perdedor, tres historias protagonizadas por escritores en ciernes que enfrentan cualquier cantidad de dificultades en una sociedad poco amigable.

En relación con el título, hay que destacar que Fante sentía una profunda admiración por Hamsun. El nombre de la novela fue tomado de una frase de Pan, obra del noruego protagonizada por el entrañable Teniente Glahn: «Él amaba como un esclavo, como un loco y como un mendigo. ¿Por qué? Pregúntale al polvo de la carretera y a las hojas que caen, pregúntale al misterioso Dios de la vida; nadie sabe tales cosas».

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