Jorge Arturo Hernández

Jorge Arturo Hernández

Lunes, 25 Noviembre 2019 05:15

El enano

Desde Sully Prudhomme, en 1901, hasta Peter Handke, en 2019, ciento dieciséis autores han sido galardonados con el Premio Nobel, no sin casos polémicos ni controversiales. Existen voces que se niegan a reconocer la calidad de todos los escritores galardonados; por el contrario, consideran que son muy pocos los que realmente han sido dignos de obtener ese reconocimiento.

Muchos de estos escritores hoy en día han caído en el olvido, ante el auge de nuevos creadores y la necesidad de las editoriales de ofrecerlos como los próximos clásicos. Sin embargo, un buen escritor difícilmente perderá vigencia.

Esta semana mi recomendación gira en torno al Nobel de 1951: Pär Lagerkvist (Växjö, Småland, 23 de mayo de 1891-Estocolmo, 11 de julio de 1974).

Testigo de la Primera y la Segunda guerras mundiales, Lagerkvist cuestionaba los argumentos bélicos y tachaba de inútiles todas las guerras a través de su obra poética y narrativa.

Derivado de sus reflexiones respecto del bien y del mal, escribió novelas y relatos que contienen pesimismo, pero a la vez son críticas contra los totalitarismos y contra la figura de quienes, endiosados en sí mismos, deciden quién o quiénes deben morir.

El libro que recomiendo se titula El enano (1944), aunque está en un volumen que Orbis lanzó al público en 1982, en conjunto con la novelas Barrabás (1950) y el relato «El verdugo» (1933).

El enano es una historia que está ambientada en la Italia renacentista. El protagonista es el propio narrador, Piccolino, quien mide 65 centímetros y está al servicio de un príncipe.

Por voz de Piccolino, el lector asiste a las confesiones de un hombrecillo que siente fascinación por la maldad y se deja dominar por el desprecio hacia los otros. Ama la sangre y detesta las debilidades del ser humano. Lucha consigo mismo para alcanzar ese ideal suyo respecto de ser un digno representante del mal.

Con el paso de la narración se conocen la vida en palacio, los amoríos extramaritales de la esposa del príncipe, las costumbres de la época; todo, desde la mirada de quien se resiste a ser considerado únicamente el bufón del príncipe y pone todo su empeño en pelear contra la bonachonería.

Piccolino ama la guerra, considera que el amor muere y luego se pudre; desconoce el miedo, la angustia y el remordimiento. No hay nada –confiesa– que pueda impresionarlo.

Página tras página conocemos las reflexiones del personaje, sus posicionamientos respecto de ciertos temas como la religión, el amor, el bien y el mal, tratados de una forma magistral que convierten a El enano en una obra fascinante.

El volumen de Orbis abre con Barrabás, acaso la obra más famosa de Lagerkvist. En 1953 fue adaptada al cine por el director sueco Alf Sjöberg, pero la adaptación de 1962, con Anthony Quinn como protagonista, le dio fama internacional. En abril de 2014, Discovery Channel estrenó una miniserie homónima basada en el texto de Pär Lagerkvist.

La historia escrita por el Nobel comienza con la liberación de Barrabás, con base en la narración bíblica, y la posterior crucifixión de Jesús. A partir de ese momento, Lagerkvist aborda una visión personal respecto de lo que ocurrió con el ladrón luego de haber sido perdonado.

El sueco transporta al lector hacia aquellos años mediante una narración que detalla los sitios, los rostros, con maestría. En la obra se lee la lucha entre el bien y el mal; Barrabás pelea contra sus demonios y se ve obligado a justificarse a sí mismo la redención, mediante diversos actos que se desarrollan a través del texto, con un estilo admirable por parte de Lagerkvist.

Por último, «El verdugo» es el texto más corto de los tres. Se trata de un relato en el que el autor lanza una crítica hacia los regímenes totalitarios, hacia el nazismo en sí. Hay posturas sobre la guerra, el racismo, la tiranía. Una obra también para tener en cuenta.

Con Barrabás y otros relatos descubrimos a un escritor para paladares exigentes, al que se le buscará un buen lugar en las bibliotecas personales.

 

 

 

Lunes, 11 Noviembre 2019 05:10

Zama: la novela de la espera

Hace tiempo, en este mismo espacio, recomendé la lectura de Caballo en el salitral (Bruguera, 1981), una antología que contiene catorce cuentos del argentino Antonio Di Benedetto (Mendoza, 1922-Buenos Aires, 1986). Se trata de uno de esos libros que permanecen en la memoria del lector debido a la alta calidad de los textos.

Pues bien, esta semana me permito recomendar la que es considerada la obra maestra del mendocino: Zama (1956; Casa las Américas, 1990), una de las más importantes novelas de nuestra lengua y que no hace mucho despertó interés en el público debido a la adaptación cinematográfica de la novela que realizó la directora argentina Lucrecia Martel (1966).

En algún sitio leí que Zama ha sido una obra con más prestigio que lectores. Supongo que lo difícil que resultaba encontrar algún ejemplar –por lo menos en México– abonó para convertirlo en un libro de culto muchas veces buscado, pero casi nunca encontrado (sin embargo, Adriana Hidalgo e incluso el otrora Conaculta reeditaron la novela).

La historia está ambientada en la última década del siglo XVIII. Diego de Zama, un criollo letrado, es un funcionario de la Corona española que presta sus servicios en Asunción de Paraguay, donde ve pasar los años en espera de la gran noticia: aguarda a ser trasladado a la ciudad para poder reunirse con su familia.

Mientras espera, intercambia correspondencia con Marta, la lejana esposa a la que transmite acaso lo que va restando de su esperanza.

Así, el corregidor deambula entre originarios del lugar, mestizos y otros funcionarios de la Corona. Sus días transcurren entre uno que otro sobresalto, siempre con la mira puesta en el llamamiento al cambio de residencia.

Zama mira el mar, aguarda a que llegue el bote con el mensaje que cambie el transcurso de su vida. Pero no hay tal notificación; ésta se aplaza, una y otra vez. Llegan mensajes, sí, pero acerca de sus tareas, del sueldo… Ello va desgastando la esperanza de Diego, lo agota física y moralmente: es un fantasma que recorre la playa en busca de la noticia largamente esperada.

Llamada «la novela de la espera», Zama atrapa al lector apenas comenzar la historia, que es narrada por el propio protagonista con un lenguaje y un ritmo pausados, con la maestría de Di Benedetto para contar sucesos.

Anclado en el pueblo, Zama trata de sacudirse la mediocridad que lo acecha y embiste; de la amargura que lo va cubriendo como el óxido al metal conforme se suceden los días.

Entonces es un enamorado, se lanza en busca de los favores amorosos de una española –rechaza a las indias, aunque procrea hijo con una de ellas– que radica en el pueblo. Diríase que el amor se convierte en el motor que lo saca a flote de esa espera que le carcome el deseo de vivir.

El estilo de Di Benedetto es depurado. Muy pronto, el lector se ve atrapado en una trama de aparente lentitud, como en una balsa que se desliza casi imperceptiblemente en las mansas aguas de un río de agua clara y en lapsos turbia.

Se respira el olor de la hierba, los sudores; se siente la piel pegajosa que antes estuvo expuesta al sol tropical. Zama es, como se ha dicho ya, una obra maestra de la lengua española.

Si bien se trata de un libro no visto muchas veces, hay que destacar que el sello argentino Adriana Hidalgo se ha encargado de editar las obras de Antonio Di Benedetto. Es así que en alguna que otra librería de México se puede encontrar.

Otros sellos que la han publicado son Alfaguara, Casa de las Américas, El Alpeh (en un volumen conjunto con El silenciero y Los suicidas, con las que conforma la Trilogía de la espera), Círculo de Lectores, Alianza, Planeta, entre otras editoriales sudamericanas.

Queda, pues, la recomendación de esta semana para añadir al paisaje otoñal un trazo más de nostalgia.

 

TOMADA DE LA WEB

La obra de Di Benedetto ha sido elogiada por escritores como Borges, Cortázar y el Nobel J. M. Coetzee. El autor vivió en carne propia los horrores de la dictadura de Videla.

 

TOMADA DE LA WEB

Daniel Giménez Cacho encarnó a Diego de Zama en la adaptación cinematográfica dirigida por Lucrecia Martel.

 

Lunes, 04 Noviembre 2019 05:11

La bestia del corazón

El 25 de diciembre de 1989, el matrimonio conformado por Elena y Nicolae Ceaușescu fue ejecutado en el patio de una base militar situada en la ciudad de Timișoara, en la República Socialista de Rumanía, tres días después de su detención. En plena Navidad. Ese acto significó el fin del llamado régimen comunista de los Ceaușescu (1974-1989), y con ello, en el papel, las cosas irían mejor en ese país del Este europeo. Pero… no hubo tal.

Horas antes de la doble ejecución, Elena y Nicolae fueron sometidos a un «tribunal del pueblo» conformado por llamados golpistas: se cree que únicamente se trató de una simulación de juicio, pues la decisión de asesinarlos ya estaba tomada de acuerdo con la «nueva ley».

Este hecho estuvo antecedido por lo que ciertos articulistas occidentales llaman una «revolución» para justificar el cambio en el poder. Lo cierto es que la confusión en torno a esos hechos prevalece hoy en día. Como ejemplo, hay que decir que entre los «revolucionarios» que tomaron las calles había obreros que se manifestaron en contra de la privatización de las fábricas ante la inminente apertura del país al neoliberalismo, pero la televisión y diversos medios los hicieron pasar como parte de los opositores a los Ceaușescu, puesto que fue una «revolución» televisada.

20 años después de aquellos acontecimientos, la Academia sueca otorgó el Premio Nobel de Literatura a Herta Müller (Nitzkydorf, 1953), una mujer nacida en tierra rumana, pero que es descendiente de alemanes emigrados a ese país.

Müller creció bajo el yugo de los Ceaușescu. Ello marcó su vida profundamente y sus futuras obras, que a la postre le permitirían obtener el galardón más prestigioso del mundo de las letras.

Para tratar de entender la vida bajo los lineamientos de aquel periodo, la recomendación de esta semana es un libro de la Nobel titulado La bestia del corazón (Siruela, 2009), una novela inquietante y a su vez placentera: inquietante por la atmósfera en la que se desarrolla la historia; placentera por el lenguaje de Müller, tan llegado a la poesía.

La novela gira en torno a cinco estudiantes: Lola, Kurt, Edgar, Georg y la narradora, de quien no se sabe el nombre, pero que bien podría tomarse como un trasunto de la propia Müller.

El suicidio de la primera lleva a pensar a los otros cuatro en dejar Rumanía, pero las dificultades para ello son inmensas, pues quienes tratan de huir del país son ejecutados.

La protagonista narra su vida a través de vueltas al pasado que intercala con su presente. De esta forma el lector se entera de la demencia que padece su abuela, de los achaques de su madre y de las penas de sus amigos, así como un malestar conjunto que no parece tener fin sino que se incrementa y conduce a todos a un vacío irreversible.

Aunado a ello, el ambiente es irrespirable, pesado hasta la nulidad del ser. Sin embargo, la novela narra las peripecias de los cuatro amigos para resistir y no resignarse a ser anulados por el sistema, aun cuando ello implica el riesgo de perder la vida o ser sometidos a torturas.

En la historia hay un personaje siniestro: Pjele, un vigilante del gobierno sin escrúpulos que parece disfrutar del acecho, de los interrogatorios y de humillar a los otros.

Pjele es un ejemplo de los miles de informantes con los que –se dice– contaba la República Socialista de Rumanía mientras Elena y Nicolae estuvieron al frente del poder y que fueron parte fundamental del aparato represor.

La protagonista de La bestia del corazón se refiere a Nicolae como «el dictador» y su figura ronda las páginas como la sombra que antecede a la noche.

El comunismo ha recibido señalamientos en el sentido de que no hay libertad ni democracia bajo ese sistema. Pero hay que cuestionarse si la democracia consta en permitirle a la gente elegir a los gobernantes que entregarán las riquezas de una nación a fuerzas extranjeras, a costa de los derechos de los individuos.

La anulación del individuo para dar cauce a la masificación de pensamiento uniforme, la falta de libertad de expresión, el totalitarismo disfrazado de democracia, la imposibilidad de exigir derechos no son características del comunismo: lo vemos hoy en día en países como Estados Unidos, España, México, Chile y otros que han entregado a sus millones de ciudadanos.

En el veredicto del simulacro de juicio, Elena y Nicolae Ceaușescu fueron acusados de genocidio, por socavar el poder del Estado y destruir la economía nacional (la deuda externa del país era nula cuando ejecutaron al presidente).Además los señalaron de haber vivido en la mayor de las opulencias, rodeados que lujos mientras el pueblo padecía pobreza y sufría hambre.

No es característico de los comunistas o socialistas como los Ceaușescu darse vida de reyes, mientras la sociedad sufre. En México hay casos de sobra. Muchos.

La de Herta Müller es una novela dolorosa, sin duda; no obstante, su estilo mitiga ese dolor con ungüentos de poesía y frases cortas que hacen olvidar, por momentos, el agobio al que la ciudadanía es expuesta.

En resumidas cuentas, La bestia del corazón es un testimonio de cómo el totalitarismo –llámese como se llame– ciega a los poderosos y mutila los sentimientos y el pensamiento del ciudadano común.

 

TOMADA DE LA WEB

La obra de Herta Müller aborda las condiciones de vida en Rumanía durante el régimen de Ceaușescu.

TOMADA DE LA WEB

Elena y Nicolae Ceaușescu gustaban del culto a la personalidad y lujos excesivos.

Lunes, 28 Octubre 2019 05:43

El señor Presidente

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define al tirano como la persona «Que obtiene contra derecho el gobierno de un Estado, especialmente si lo rige sin justicia y a medida de su voluntad». En otra acepción refiere: «Que abusa de su poder, superioridad o fuerza en cualquier concepto o materia, y también simplemente del que impone ese poder y superioridad en grado extraordinario».

Al escuchar estas definiciones brinca más de un nombre en nuestra mente. Si bien en México no ha habido una dictadura como las que arrasaron con Latinoamérica durante el siglo pasado, los mexicanos sí hemos experimentado gobiernos cuyas acciones encajan en el concepto de una dictadura en diversas características: libertad de prensa limitada, periodistas silenciados a fuego y plomo, desapariciones forzadas, encubrimiento en las altas esferas del poder, por citar algunos ejemplos.

En días recientes han sido noticia las multitudinarias protestas que se han suscitado en Ecuador y en Chile por parte de cientos de miles de ciudadanos que exigen, nada más, mejores condiciones de vida. Ante la protesta, en ambos casos, el Estado echó a andar su maquinaria de violencia –el ejército y la policía–, con saldo de varios muertos, heridos e incluso desaparecidos. Así pues, Lenin Moreno y Sebastián Piñera han adoptado la piel del tirano en el sentido más fiel de la definición.

La experiencia latinoamericana en ese infortunado campo es amplia. Dos de los casos más conocidos –que no los únicos– son los regímenes militares de Chile (1973-1990), con Augusto Pinochet, y de Argentina (1976-1983), con Jorge Rafael Videla.

El horror que desatan estos asaltos a la democracia –auspiciados por Washington– ha provocado que aquellos que se atreven a criticar las imposiciones y denunciar los abusos se vean obligados al exilio para proteger su vida.

De estas voces han surgido las de poetas, narradores, periodistas, músicos, cineastas, etc. En literatura existe el subgénero denominado «novela del dictador», que es precisamente en el que se denuncian los hechos más atroces y se describe la personalidad de esos que encabezan las dictaduras: tiranos, asesinos, sociópatas...

En este tenor, la recomendación de esta semana gira en torno a una de estas novelas, El señor Presidente (1946), del guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899-1974), el único autor centroamericano que hasta ahora ha recibido el Nobel (1967).

Aunque no menciona el nombre en la novela, la historia está basada en la dictadura de Manuel Estrada Cabrera y fue escrita en París, donde el autor estuvo exiliado.

Al inicio de la obra ocurre la muerte del coronel Parrales Sonriente. Este deceso permite al «señor presidente» poner en marcha un plan macabro: involucrar a dos hombres para deshacerse de ellos.

El «líder supremo» tiene la última –única– palabra. Pero el poder de un dictador no se ejerce sin la complicidad de subalternos, también engolosinados con el poder. En la novela, el personaje Cara de ángel funge como consejero del tirano y a él le es encargada la tarea de eliminar a los dos hombres «incómodos» por mandato del dictador.

Sin embargo, uno de los hombres a los que debe implicar es el general Canales, padre de Camila, la joven de la que está enamorado Cara de ángel. Aunque la pugna entre el amor por la muchacha y el perdón para Canales abruma al consejero, las delicias del poder son más fuertes para hombres como él.

La novela da cuenta de la barbarie que es capaz de cometer un individuo enfermo de poder, que hace de sus caprichos una orden que debe ser cumplida sin cuestionamientos. Las imposiciones son una constante y quien se atreva a cuestionarlas, deberá resignarse a recibir todo el peso del aparato represor del tirano.

Aunque Asturias aborda en la novela la historia particular de Guatemala e implícitamente la dictadura de Estrada Cabrera, bien podría funcionar en cualquier sitio donde la sombra del poder se asoma y cubre las cabezas de los ciudadanos comunes, esos que terminan aplastados por las imposiciones, decretos y órdenes de quienes carecen de autocrítica y se rigen bajo esa frase de «si no estás conmigo, estás contra mí».

 

 

 

 

Lunes, 21 Octubre 2019 05:11

Zumbidos en la cabeza

A lo largo de los siglos se han escrito obras acerca de las prisiones. Ya sea que el autor recuerda sus experiencias como recluso o relata acontecimientos de presidarios, hay una especie de fascinación por sacar a la luz el mundo oscuro que se esconde detrás de las rejas.

El preso es un ser castigado. Ahora bien, la función de la cárcel en la sociedad es –según el Estado– la de hacer cumplir penas a aquellos que han infringido la ley. Hay totalitarismo en ello, una selección de hombres y mujeres señalados de haber cometido algún delito. Sin embargo, tal parece que todo preso es un preso político.

La cárcel suele producir aversión, terror, miedo o repulsión. Decir que alguien que estuvo preso conlleva un señalamiento y una carga difíciles de desprender. Porque ha estado preso «el delincuente», aun cuando no lo sea.

A propósito de este tema, la recomendación de esta semana gira en torno al mundo de los presidiarios. Particularmente, al de un grupo de presos. Me refiero a Zumbidos en la cabeza (1998; Sexto Piso, 2015), del esloveno Drago Jančar (Maribor, 1948).

El personaje central es Keber, un antiguo marino que era temido por todos los presidiarios. Se dice de él que había dormido junto a cientos de cadáveres en Vietnam; que generales latinoamericanos temblaban ante su presencia; incluso que hubo mujeres en Rusia que intentaron quitarse la vida por él…

Cayó en la prisión de Livada después de que un batallón sitió su barrio. La violencia y la fuerza brutal eran parte de sus rasgos más temidos. Ello surgía a raíz del contacto entre dos metales: el sonido que producía generaba zumbidos en la cabeza de Keber; luego había que ver lo que ello acarreaba.

Más allá de las condiciones en las que viven los convictos, la novela cuenta los sucesos que devinieron al motín que cierto día se inició en la prisión. Mientras miraban un juego de basquetbol entre Yugoslavia y Estados Unidos, un guardia fastidiaba a los presos.

Dicha actitud enfadó a Keber, quien, la paciencia colmada, destrozó el televisor e inició la revuelta en la cárcel.

Con vigilantes como rehenes, inicia lo que tendría que ser negociado. Sin embargo, preocupados por las consecuencias que habrá, los convictos se reúnen para abordar los pasos a seguir. El principal (que además marcará el curso de la historia) es el de acudir al consejo del bibliotecario.

El hombre, que aparentemente era el más tranquilo, pronto habrá de demostrar cuán peligroso es depositar el poder en manos de una sola persona.

Así, de la noche a la mañana, queda conformado un consejo de gobierno que negociará con las autoridades oficiales, un aparato policiaco integrado por internos cuya violencia contenida es capaz de estallar en cualquier momento…

La prisión se convierte en un microcosmos, un experimento de minisociedad en la que las más oscuras ambiciones de unos cuantos pueden desembocar en el terror de la mayoría. Por ello se convierte en una historia contra el poder que alude a la rebelión como única forma de retirarse las cadenas.

Toda la violencia contada en la historia es alternada con pasajes de Keber junto a Leonca, acaso la única mujer capaz de anidarse en su memoria para entregarle un poco de paz. El tono de esos recuerdos contrasta con la violencia y el ruido de la prisión.

Leonca es el consuelo del hombre que sucumbe ante la violencia, el motivo para asirse a la vida, el refugio donde la bestia halla rastros de paz…

Zumbidos en la cabeza se suma a las novelas del presidio y lo hace de forma convincente, con un estilo que atrapa desde los primeros pasajes, entre la violencia de los convictos y la anestesia de la memoria, dotada de un lirismo que cumple con la premisa de que la lectura debe ser placentera.

 

 

 

Lunes, 14 Octubre 2019 05:23

El maestro y Margarita

El XIX fue el Siglo de Oro de la literatura rusa. Basta nombrar a Dostoyevski y a Tolstói para que diversos mundos se nos abran ante los ojos. Ellos dos son los más conocidos, los de mayor influencia y de resonancia universal. No obstante, el abanico de escritores y poetas de Rusia es extenso, tanto en obras como en creadores.

Acceder a la obra de Dostoyevski permite despertar el interés por un país tan incomprendido y satanizado en Occidente como lo es Rusia. Se trata de una nación fascinante, llena de arte y sitios épicos; su cultura es de las más apasionantes en el mundo entero, pero desconocida por las campañas mediáticas en contra de esa sociedad.

Por increíble que parezca, me he topado con gente que aún asocia a Rusia con el comunismo y nada más. Desconoce los aportes científicos, artísticos y culturales a buena parte del mundo.

El siglo XX ruso fue convulso y también de avances. Sin embargo, el arte se vio relativamente afectado en la URSS debido a que no había cabida para el llamado «arte burgués». Ante ello, en la literatura nació el llamado «realismo socialista», que no legó precisamente las mejores obras.

En la Edad de Plata de la literatura rusa (una parte del siglo XX) nacieron obras al puro estilo de ese país: extensas, profundas y dotadas de belleza.

Esta semana me permito recomendar una de éstas: El maestro y Margarita (Alianza Editorial, 2008; traducción de Amaya Lacasa Sancha), de Mijaíl Bulgákov (1891-1940).

De entrada hay que mencionar que el autor no pudo ver publicada su fascinante novela debido a la prohibición por el tema central: una sátira de la sociedad soviética. Los riesgos que asumió al embarcarse en la creación de una novela de ese talante terminaron por cobrarle la vida. No obstante, optó por la congruencia antes que por comprometer su arte ante una ideología que precisamente mutilaba sus ideas.

De esta forma, Bulgákov se vio en la necesidad de postergar la culminación de la escritura de su obra principal. El maestro y Margarita es una novela que está envuelta en un halo de misterio del que algo se desvela conforme avanza la lectura.

La historia comienza un día de primavera, en Moscú, exactamente en los «Estanques del Patriarca». Allí, Mijaíl Alexándrovich Berlioz, presidente de una asociación de literatos, e Iván Nikoláyevich Ponirev, poeta que firmaba con el seudónimo Desamparado, discuten un poema que el segundo escribió acerca de Cristo.

Berlioz le había encargado a Desamparado que escribiera un poema en el que mencionara la inexistencia de Cristo, pero el joven creó uno en el que si bien critica a Jesús y lo retrata con tintes muy negros, no cumple con la idea de afirmar su inexistencia.

Repentinamente, Berloiz observa una figura masculina que flota y agita los brazos; ello lo saca de concentración por un momento. Al desvanecerse la imagen, retoma la charla. Sin embargo, cuando continúa instruyendo al poeta, ven a un hombre muy elegante que se acerca por un corredor del jardín. Ambos coinciden en que se trata de un extranjero, pero no logran un acuerdo acerca de la nacionalidad. De pronto vuelven a hablar de Cristo y el jefe redactor insiste en que no existió.

Justo en ese momento, el hombre escucha la afirmación y se detiene de golpe para acercarse a debatir: así comienza la estadía del diablo en Moscú durante cierta primavera soviética.

En su forma de hombre, se hace acompañar de un individuo espigado, con lentes, y un gato que asume posturas humanas e incluso habla. Por donde pasan los tres nace la desgracia.

Mientras conversan, el extranjero cuestiona a Berloiz acerca de cómo cree que morirá. No hay una respuesta, pero el elegante caballero le dice que será de tal forma y detalla el hecho. Ello causa cierta burla de parte del redactor y del poeta, quienes no obstante escuchan atentos la historia que les cuenta acerca del juicio a Jesús, con la figura de Poncio Pilatos en el centro del relato. Lo sorprendente es cuando les dice que él presenció todo: ambos lo toman por loco.

Durante la charla, Mijaíl refiere que hará una llamada telefónica. Sin embargo, momentos después, un tranvía acaba con su vida, tal como le acababa de decir el extraño hombre. Ese hecho sumerge al poeta en un estado de alteración. Pero al recobrar cierta calma, decide emprender la búsqueda del extranjero y supone que se encuentra en el río.

Una vez en el río, Iván deja sus prendas junto a un mendigo. Se lanza al agua en busca de Satanás. Al salir, ya no encuentra su ropa, sino las del vagabundo. Ante el asunto que lo atañe, se viste con las prendas del otro hombre.

Así, continúa la búsqueda. Irrumpe en algunos sitios en calzoncillos, harapiento, con una vela y una imagen cristiana. No tardan en tomarlo por loco y lo encauzan con especialistas para que determinen sus padecimientos. De esta forma, Desamparado termina en una celda para dementes, junto a la del maestro al que hace alusión el título de la novela.

Cuando el maestro conoce a Iván, el lector comienza a desvelar ciertos misterios. El maestro terminó allí casi de una forma voluntaria: Margarita, su amada, se fue con otro hombre.

Sin embargo, en su relato, el maestro le cuenta a Iván que escribió una novela cuyo personaje central es Poncio Pilatos. Al relatar la obra, Desamparado descubre que es prácticamente lo descrito por Satanás en el «Estanque del Patriarca» y ello confirma sus sospechas de quién es ese individuo que, por su parte, causa cualquier cantidad de desencuentros, confusiones y daños en diversos sitios por donde se presenta, acompañado de su corte.

Avanzada la historia, el maestro y su Margarita tendrán un papel importante en la historia.

El maestro y Margarita es una novela extensa, riquísima en anécdotas. De forma inteligente, Bulgákov denunció la corrupción de ciertos artistas soviéticos a través de un talento y un humor asombrosos. Sin duda, es una de las grandes novelas del siglo XX que, pese a su extensión (514 páginas en la edición de Alianza), se lee a un ritmo vertiginoso.

 

 

 

 

Lunes, 07 Octubre 2019 05:13

Kappa

La literatura oriental es considerada, en su conjunto, una de las mejores del mundo. Lo mismo por su capacidad creativa que por su calidad imaginativa, los autores de esas tierras sorprenden al lector occidental, que se ha volcado en torno a los creadores de aquellas tierras en años recientes.

Lo anterior, gracias a editoriales especializadas en la difusión de autores de esa región del planeta, tal como Satori, que se ha encargado de ofrecer al lector de lengua española un amplio catálogo de literatura japonesa.

Así pues, una de las principales virtudes de los narradores es el estilo. En sus trabajos hay formas sutilespropias del corte de las katanas: la delicadeza de las frases, de las imágenes, raya en la perfección; son precisas al grado que uno no puede dejar de sorprenderse.

Aunado a lo anterior, una constante que define a los autores orientales, particularmente a los japoneses, es la tristeza profunda que muchas veces termina por mermar tanto su condición de vivir, que optan por el suicidio.

Esta semana me permito recomendar una obra llegada de tierras niponas: Kappa (Nemont Ediciones, 1977), una novela breve escrita por Ryūnosuke Akutagawa (1892-1927).

Publicada en 1927, esta obra fascinante aborda un viaje fantástico a un mundo habitado por los «kappas» («niño de río»), unas criaturas de la mitología oriental que tienen la altura de un niño, cabeza de tortuga, aspecto de reptil bípedo y piel escamosa, verde.

Hay que mencionar que Akutagawa fue una de las mayores promesas de la literatura japonesa. Tan sólo con 35 años, el autor decidió quitarse la vida. Su carácter, profundamente intimista y de desolación, lo llevaba a aislarse.

Acaso por este motivo se decidió a escribir una obra como Kappa, un relato narrado por el «paciente número 23» de un centro psiquiátrico a través del que cuenta su historia entre esos seres mitológicos.

Tal como Alicia, el personaje llega a ese mundo fantástico al caer por un agujero cuando perseguía a un «kappa».

La vida entre esas criaturas se acerca al ideal del hombre en el sentido de la coexistencia y la libertad. Incluso los «kappa» pueden decidir nacer o no: en el momento del parto, el padre pregunta si desea salir a la vida. De ser negativa la respuesta, se realiza el aborto en el momento mismo.

El tono con el que está escrita la obra tiene un dejo de desesperanza. Akutagawa es un claro exponente de la fascinante literatura japonesa, pese a la brevedad de su obra.

En Kappa el lector encontrará a un autor original que, pese a su juventud, legó al mundo una obra lo suficientemente vasta como para adentrarse en un hombre que encontró en el mito una forma de subsistencia para estirar al máximo su estancia en este mundo.

Además de ello, esa obra le permitió lanzar una profunda crítica a la condición humana.

A través de Kappa, el autor muestra cuán desamparado puede sentirse el hombre en este mundo: he ahí un rasgo del propio Akutagawa, cuyo desasosiego terminó por llevarlo a tomar la decisión de quitarse la vida, como tantos otros autores nipones.

Ahí queda la recomendación de esta semana para acercarse a uno de los grandes escritores japoneses.

 

 

 

Lunes, 30 Septiembre 2019 05:56

La lluvia amarilla

La soledad es uno de los temas más recurrentes en la literatura. Ya sea por autoimposición, a fuerza de no lidiar con los otros, o porque los otros no alcanzan a ser compañía o porque uno no es compañía, llega un momento en el que el ser humano debe sostener su primer careo con la soledad.

Así pues, la ficción es un amplio campo para echar a sembrar las semillas en busca de que broten como personajes a los que les está destinado ese encuentro con la soledad. Un encuentro acaso permanente que lo perseguirá como una sombra. Pero en el tratamiento del tema estará la clave para que sobresalga por entre los otros.

Ejemplos de obras que abordan la temática hay muchos. Esta semana me permito recomendar una: La lluvia amarilla (1988, Seix Barral; 1993, RBA), una novela del español Julio Llamazares (Vegamián, León, 1955).

El personaje-narrador de la novela es Andrés, un pastor que se convierte en el último habitante de Ainielle, pueblo que se ubica en las montañas del Pirineo de Huesca.

Si bien el lugar existe, el autor advierte en una nota inicial: «En el año 1970, quedó completamente abandonado, pero sus casas aún resisten, pudriéndose en silencio, en medio del olvido y de la nieve, en las montañas del Pirineo de Huesca que llaman Sobrepuerto».

El último habitante evoca a los personajes que alguna vez formaron parte del pueblo. Recuerda a sus vecinos, a su esposa misma y a su perra. Pero no lo hace desde la nostalgia, sino que mira al pasado a través de un resquicio poético que se abre en la memoria.

Extraviado en la soledad, desde su monólogo da cuenta de aquellos habitantes que murieron o que decidieron marcharse cuando comenzaron a ver el abandono en el que quedaba Ainielle.

En medio del éxodo, el narrador optó por quedarse. Sin embargo, la muerte de su esposa marcó definitivamente su vida: «Desde entonces, he vivido de espaldas a mí mismo» (p. 44). Se dedica a divagar, a caminar por el pueblo como un perro solitario que no tiene certeza del sitio al que debe ir; visita casas abandonadas en busca de víveres, pues todo se agota y debe hacerle frente a la vida que se le presenta en situaciones extremas.

El hombre recuerda, aunque desconfía: «¿Y qué es, acaso, la memoria sino una gran mentira?» (p. 41). Pese a ello, los recuerdos se convierten en el alimento que lo mantiene vivo entre las montañas y sus condiciones climáticas cambiantes: nevadas que cubren hasta las ganas de vivir, viento helado que paraliza incluso los recuerdos.

Pero luego se encuentra con el otoño, esa posibilidad de sentir algo de calor, aunque con la advertencia de vientos fríos que constantemente están anunciando la llegada próxima del invierno.

Justo ahora que ha comenzado el otoño, esta novela removerá las fibras del lector en cada párrafo: la lluvia amarilla a la que alude el título no es sino el caer de las hojas de los árboles que se desnudan en esta época del año para formar caminos y campos en los que el ser humano deposita su mirada para perderse, por un momento, de la realidad y echar a andar la maquinaria de pensamientos, reflexiones y deseos o nostalgias.

Es ese caer de las hojas con lentitud, como una lluvia de remembranzas que son balanceadas por el viento hasta formar un montón de recuerdos en el suelo y que habrá que esperar a que los levante la brisa y los aleje o definitivamente prenderles fuego.

Estoy cierto que La lluvia amarilla se convertirá en una de esas lecturas entrañables a la que se desea volver de vez en vez, sobre todo cuando la soledad muerde con sus afilados dientes y el grito se pierde en algún bosque que nos habita.

 

Julio Llamazares nació en un pueblo que actualmente ya no existe.

TOMADA DE LA WEB

Aspectos de Ainielle.

TOMADA DE www.despobladosenhuesca.com

Lunes, 23 Septiembre 2019 05:35

Opiniones de un payaso

Soy un payaso y colecciono momentos…

Heinrich Böll

Heinrich Böll (1917-1985) es considerado –junto con Günter Grass (1927-2015) y Siegfried Lenz (1926-2014)– el escritor alemán más importante de posguerra. Su obra está conformada por numerosas novelas y relatos, entre las que manifiesta una fuerte crítica a la sociedad de su época, a la hipocresía de la misma, así como un conflicto hacia la región católica –él era un ferviente católico– y sus formas de adquirir poder político.

Una de las novelas más famosas de Böll es Opiniones de un payaso (1963), que es protagonizada y narrada por Hans Schnier, un comediante de 27 años que se ha hecho de un nombre en el mundo artístico alemán.

La historia transcurre en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Por entonces, Hans vuelve a su natal Bonn, al departamento en el que, tiempo atrás, vivió junto a Marie, la mujer a la que amaba y que lo abandonó, dadas las presiones religiosas que implicaba vivir junto a un hombre con el que no estaba unida en matrimonio y del que sus amistades tenían una crítica no muy halagadora.

Hans Schnier volvió a Bonn luego de años de giras por Alemania que le valieron el reconocimiento general y su nombre ya era conocido. Sin embargo, a raíz de la separación de Marie, Hans inicia un declive del que no podrá superarse.

El hombre ya no siente la motivación suficiente como para salir a los escenarios si no es borracho. Así, en una función comete el que considera el peor error que puede cometer un payaso: reírse de sus propias ocurrencias. Ya no está Marie tras bambalinas, esperándolo, y esa vuelta a la soledad sólo le resulta tolerable en estado de embriaguez.

Su carrera se vino abajo cuando, en una presentación, ebrio como solía estar, se cayó en el escenario y sufrió una fractura que lo imposibilitó para seguir presentándose en otras funciones. Por ello decide retirarse de la vida artística y volver a su pasado, en busca de respuestas que desvelen el porqué de su presente.

En la soledad del apartamento, Hans comienza a vivir su decadencia, a lidiar con sus miedos y odios, a través de un discurso demoledor y reflexiones que van de la ironía a la más férrea crítica hacia su familia, la Iglesia católica, la sociedad alemana y su doble moral e incluso hacia el arte.

Hans considera que los católicos le arrebataron a Marie al afirmar que «los católicos me ponen nervioso». Luego, asegura: «Y hay un ser católico al que necesito con urgencia: Marie y precisamente ustedes me la han quitado». Además, la mujer se casa con un antiguo conocido de ambos y para el tiempo en el que Hans se ensimisma en el apartamento, la pareja se encuentra de luna de miel en Roma. Eso le provoca brotes de dolor y de sarcasmos.

Por eso, el personaje constantemente critica a los creyentes con los que habla: cuestiona sus dogmas, sus formas de hacerse del poder… A través de llamadas telefónicas desde el apartamento, el hombre busca una mano solidaria y espera obtener respuestas a las interrogantes que tiene para con sus conocidos. Elabora una lista de éstos y sus números telefónicos, realiza llamadas que están acompañadas de diálogos memorables muy elaborados por Böll.

Entre llamadas y episodios de inmovilidad en el apartamento, el hombre-payaso recuerda su infancia en busca de saber su presente. Rememora a su familia, acaudalada y con recursos, pero sus padres eran codiciosos: su madre comía a escondidas y él la descubrió y nunca entendió esa actitud. O el padre del que nunca quiso depender. No perdona que hayan apoyado a los nazis ni su posterior hipocresía. Recuerda a su hermana, que murió en la guerra.

La novela es conmovedora, tiene toques de humor al estilo de Heinrich Böll. El futuro de Hans parece no tener salida y lo describe de una forma magistral. Es una novela imprescindible para conocer la obra de este autor y el comportamiento humano después de una guerra.

Esta obra sitúa a Heinrich Böll como uno de los grandes escritores no sólo de la Alemania del siglo XX, sino del mundo entero. Opiniones de un payaso es considerado uno de los mayores éxitos del autor y un clásico en Alemania. Es una novela que merece ser leída y releída.

 

 

Lunes, 09 Septiembre 2019 05:31

Memorias de la casa muerta

Somos gente deshecha –decían–. Estamos muertos por dentro, y por eso gritamos por las noches.  En Memorias de la casa muerta

Se cuenta que Fiódor Mijáilovich Dostoyevski (1821-1881) estuvo a punto de ser fusilado por realizar actividades en contra del gobierno. Tenía 28 años cuando, junto con 25 condenados más, iba a recibir la descarga de pólvora que acabaría con su vida, el 22 de diciembre de 1849.

Sin embargo, una amnistía decretada por parte del zar Alejandro II permitió que aquellos hombres no murieran, instantes antes de que los encargados de las armas jalaran los gatillos.

Lo anterior parece increíble, una historia nacida de la monumental imaginación rusa. De cualquier forma, este hecho ha engrandecido aún más la de por sí gigante figura de uno de los escritores más importantes de la literatura universal.

Se dice también que luego de la amnistía, el entonces joven Fiódor fue condenado a trabajos forzados en una zona de la indomable e inhóspita Siberia, donde pasó los siguientes cinco años. Después de ese tiempo se le concedió la libertad y volvió a San Petersburgo.

En el momento en el que iba a ser fusilado, Dostoyevski apenas si había escrito unas cuatro novelas y algunos cuentos; es decir, aún se estaba gestando en aquellas tierras la figura de quien se convertiría en uno de los escritores más importantes de todos los tiempos.

Esa experiencia en Siberia le permitió a Fiódor conocer a criminales de alta peligrosidad, entre los que gozó de respeto y cierta consideración, dado el carácter del escritor y su actitud para con ellos.

Alrededor de doce años después de abandonar la prisión, Dostoyevski publicó Memorias de la casa muerta (Aguilar, 1991, Tomo I de las Obras Completas). La primera entrega apareció en abril de 1861, en la revista Vremia.

La historia es protagonizada por Aleksandr Petróvich, un hombre al que encarcelan por haber asesinado a su esposa y que va a parar a ese sitio de trabajos forzados. Si bien el personaje que presenta Dostoyevski es ficticio, no es difícil adivinar que hay en la obra buena parte de autobiografía.

En Memorias de la casa muerta encontramos a ese autor que, más de un siglo después, continúa en el sitio más alto de la literatura universal.

La obra en mención aborda las experiencias de Aleksandr Petróvich en la cárcel, ciertas tradiciones rusas. Una de las dotes del genio de Dostoyevski radica en cómo hace de un inframundo, un sitio habitable; cómo de los peores criminales obtiene su esencia y los convierte en seres profundamente humanos: en cada capítulo hay reflexiones de los presos acerca de la Navidad, se cuentan los intentos de fuga, entre otros temas que hacen de Memorias de la casa muerta una obra que permite acercarnos al pensamiento de Dostoyevski.

En la obra también encontramos momentos de buen humor, hay lugar para la ternura, para conocer un fragmento de la historia de uno de los periodos más importantes en la historia de la literatura.

Hay un hombre afable en Dostoyevski, que supo encontrar en aquel infierno, momentos de paz y de tranquilidad; que aprovechó cada experiencia para explorar el comportamiento humano –Nietzsche lo consideraba «el único psicólogo del que se podía aprender algo»– con el fin de entenderse y entender al otro.

Es verdad que se ha escrito mucho acerca de este autor y que difícilmente podría aportarse algo nuevo. Sin embargo, la experiencia de cada lector al abrir un libro del viejo Fiódor es única y, como en el caso del que esto escribe, sólo queda espacio para las impresiones que provoca un escritor de esa talla.

Existen quienes consideran que Dostoyevski es extremista en cuanto al planteamiento de las tragedias y de los dramas. No obstante, en ese sentido, el ruso hace ruborizar a quien «sufre mucho» en la actualidad.

Hay que recordar las palabras del austríaco Stefan Zweig (1881-1942), quien consideraba que Dostoyevski «es el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos». Es el padre de la novela psicológica –Crimen y castigo, Los hermanos Karamazov– y uno de los precursores del existencialismo –Memorias del subsuelo–, además de que influyó en pilares del siglo XX como Thomas Mann, William Faulkner, Jean-Paul Sartre, Franz Kafka, Albert Camus, Yukio Mishima, André Gide, Ernest Hemingway, Virginia Wolf, Emil Michel Cioran, por citar algunos.

En 2011 apareció una miniserie de televisión en Rusia llamada Dostoyevski, en la que se aborda –en ocho capítulos– la vida del autor. Es un trabajo monumental para conocer la apasionante historia del gran escritor ruso.

 

 

 

Página 1 de 21
logo
© 2018 La Unión de Morelos. Todos Los Derechos Reservados.