Este sábado se conmemoró el Día de los Derechos Humanos. Respecto de dicha conmemoración -no convence, por supuesto, llamarle “celebración”-, cabe referir que en 1948, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, mientras que en 1950, la Asamblea adoptó la resolución mediante la cual invitaba a todos los Estados y organizaciones interesadas a observar la fecha del 10 de diciembre, de cada año.

La ONU indicó que en este año, el Día de los Derechos Humanos es una llamada a todos para defender los derechos del otro. El secretario de la organización, Ban-Ki moon, manifestó que “todos nosotros podemos, y debemos, actuar en la vida cotidiana para promover los derechos humanos de las personas que nos rodean. Este es el principio que impulsa una nueva campaña mundial puesta en marcha por la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas: “¡Defiende hoy sus derechos!”.

Ya lo señalaba Nelson Mandela, activista sudafricano de los derechos civiles: “Privar a las personas de sus derechos humanos es poner en tela de juicio su propia humanidad”. Así, los Derechos Humanos protegen los intereses más vitales del ser humanos, con independencia de sus circunstancias o características personales.

Cabe recordar que el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, recibió -también este sábado- en Oslo el Premio Nobel de la Paz, por sus esfuerzos para poner fin a medio siglo de conflicto armado en Colombia; el mandatario, durante la ceremonia de entrega, hizo hincapié en que el galardón era un reconocimiento a las más de ocho millones de víctimas que ha dejado la guerra de Colombia durante 52 años.

Santos apuntó que el premio lo aceptaba “en nombre de cerca de 50 millones de colombianos –mis compatriotas– que ven, por fin, terminar una pesadilla de más de medio siglo que solo trajo dolor, miseria y atraso a nuestra nación. Y lo recibo –sobre todo– en nombre de las víctimas; de más de 8 millones de víctimas y desplazados cuyas vidas han sido devastadas por el conflicto armado, y más de 220 mil mujeres, hombres y niños que, para nuestra vergüenza, han sido asesinados en esta guerra”.

Transcribimos un par de párrafos del discurso de aceptación de Juan Manuel Santos, “La paz en Colombia: De lo imposible a lo posible”:

“Adelantamos esta negociación haciendo un gran énfasis en los derechos humanos. Y de esto nos sentimos muy orgullosos. Las víctimas quieren la justicia, pero más que nada quieren la verdad, y quieren –con espíritu generoso– que no haya nuevas víctimas que sufran lo que ellas sufrieron. El profesor Ronald Heifetz, fundador del Centro de Liderazgo de la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard, de donde me gradué, me dio un sabio consejo:

‘Cuando se sienta desanimado, cansado, pesimista, hable siempre con las víctimas. Son ellas las que le darán ánimo y fuerzas para continuar’. Y así ha sido. Siempre que pude, hablé con las víctimas de esta guerra y escuché sus desgarradoras historias. Algunas de ellas están aquí hoy, recordándonos por qué es tan importante que construyamos una paz estable y duradera”.

En nuestro país, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ha dado a conocer que en 2015 los Organismos Públicos de Derechos Humanos (OPDH) estatales y nacional, recibieron quejas por 158 mil 889 presuntas violaciones de los derechos humanos, además de que 56 mil 364 violaciones afectaron el derecho a la seguridad jurídica y libertad personal, convirtiéndolo en el derecho humano más vulnerado en 2015.

De igual modo, en 2015, las tasas más altas registradas de violaciones a los derechos humanos por cada 100 mil habitantes se ubican en Jalisco (479), Tabasco (313) y Ciudad de México (253), mientras que en el 25 por ciento de las violaciones que se denunciaron se responsabilizó a funcionarias y funcionarios de los ayuntamientos y 17 por ciento se atribuyeron a personal de instituciones de procuración de justicia.

También durante 2015 se denunciaron mil 985 casos de tortura y 11 mil 504 tratos crueles, inhumanos o degradantes, principales violaciones del derecho a la integridad y seguridad personales, mientras que fueron 18 mil 460 medidas y acciones que los OPDH llevaron a cabo durante 2015, con el fin de proteger y defender los derechos humanos.

En México, a partir de la reforma constitucional del 10 de junio de 2011, las normas relativas a derechos humanos deben interpretarse con respecto de la propia Constitución y de los tratados internacionales en la materia, lo cual implica la creación de un “bloque de constitucionalidad”, para la interpretación del conjunto del ordenamiento jurídico mexicano.

Las víctimas tienen un papel relevante en dicha interpretación. En su artículo “Saliendo del baúl del olvido. Concepción de la víctima en el Derecho mexicano actual”, la doctora en Derecho, Amalia Patricia Cobos Campos, destaca que la revictimización es una realidad evidente y que “la única forma de cambiar estos paradigmas que atentan a los derechos humanos de las víctimas, es la capacitación de quienes intervienen en todas las fases del proceso, a partir del inicio de la investigación, a efecto de que entiendan el papel protagónico de la víctima y su responsabilidad en la protección de sus derechos”.

Agrega que “la enormidad de las cifras negras evidencian la falta de credibilidad de los afectados por el delito -léase víctimas- respecto a la posibilidad de acceder a la justicia, que se traduce en última instancia, en sufrir en silencio los embates de la criminalidad, asumiendo que es preferible no denunciar, a padecer doblemente, frente al agresor y frente al estado y su estructura de administración de justicia”.

El vínculo entre derechos humanos y utopía se desprende del carácter ideal de ambos, al tratarse de aspiraciones aún no alcanzadas. Tal vez podríamos coincidir este día con lo que expresó Juan Manuel Santos al recibir el Nobel, al recordar que en 1982 comenzaron los esfuerzos para alcanzar la paz de Colombia: en ese mismo año, en Estocolmo, Gabriel García Márquez recibió el Premio Nobel de Literatura y habló de ‘una nueva y arrasadora utopía de la vida (…) donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra’”.

 

 

Margarita Rebollo

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