Publicado en El Dificil Arte de Sobrevivir con Estilo Domingo, 07 Agosto 2016 05:21

¡Síganme los buenos!

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Eran cerca de las dos de la mañana cuando Mariana salió de un bar de aquí en Cuernavaca. Pidió su auto al valet parking y cuando tomó el rumbo a su casa vio que tenía poca gasolina, entonces decidió pasar a una gasolinera de 24 horas. Llegó y pidió al despachador  tanque lleno, intentó pagar con su tarjeta de crédito pero el despachador regresó con la noticia que no pasaba su tarjeta y que se tenía que bajar de su auto y pasar a la administración de la gasolinera.

Ella se negó a bajar, desconfío, pensó que tal vez querrían hacerle algo porque su tarjeta estaba al corriente. El despachador insistió y hasta trató de abrir la puerta del auto, y fue en ese momento que sorpresivamente un sujeto salió apresurado de la parte trasera del auto de Mariana! El despachador de la gasolinera cuando le puso la gas lo vio escondido y lo de la tarjeta era sólo un pretexto para que Mariana saliera de inmediato de su auto, ya que obviamente el tipo trataría de hacerle alguna daño!

Moraleja: Cuando dejen su auto en el valet de algún lugar revísenlo antes de subirse, afortunadamente Mariana pasó a la gasolinera, si no quién sabe cuál habría sido la historia.

Y ya que estamos hablando de inseguridad y de los valet de los antros o restaurantes, a otra amiga le robaron su auto. Resulta que llega a un conocido restaurante del centro, deja su auto en el valet y se sienta a disfrutar de una rica comida con sus amigas. La sorpresa fue cuando sale y pide su auto, nadie sabía a quién se lo había dado ya que confiada no pidió su boleto. Hizo memoria y recordó que el tipo traía el uniforme que lo identificaba como miembro de la empresa! Nadie sabe, nadie supo, la cosa es que el auto desapareció!

Moraleja: Fíjense que la gente del valet esté debidamente identificada y por supuesto exijan su boleto!

En esta semana una amiga fue al cine y dejó su auto en el estacionamiento de la plaza comercial, cuando salió ya era un poco tarde y había poca gente en el estacionamiento, se sube y sorpresa, su auto ya no prendía, pero para su buena suerte del auto que estaba estacionado a un lado del suyo sale un mecánico ¡los milagros sí existen! Sí, ajá! El tipo se ofreció a ayudar pero la intuición de mi amiga le dijo: no confíes, desconfía y así lo hizo, le dijo no gracias y que llamaría a su marido y a su mecánico, se subió a su auto y se encerró. El tipo permaneció todavía un rato ahí, pero la vio haciendo llamadas y demás y se fue… al poco tiempo llegó su marido y el mecánico, quien le dijo que obviamente le habían desconectado algo, no me pregunten que porque no recuerdo el nombre, para que no prendiera, seguramente con la intención de robarle el auto.

Cuando yo era niña salía a jugar a la calle y la verdad es que no recuerdo que hubiera un adulto cuidándonos. Es decir las calles de la ciudad eran seguras y podías confiar en la gente. Hoy en día las cosas han cambiado a un extremo preocupante, cuántas niños no desaparecen, cuántas tarjetas no han sido clonadas, cuántos autos no han sido robados, cuántos asaltos a casa habitación con violencia no ocurren a diario, cuántos propietarios de negocios no son víctimas de extorsión, cuánta gente no pierde la vida por tratar de defender su patrimonio o la vida de sus seres queridos…

Las autoridades hacen poco por la seguridad de los ciudadanos, así que lo único que yo les puedo decir, es que extrememos precauciones y que nos cuidemos los buenos unos con otros.

¡Bendiciones!

 

Hasta la próxima.

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Laura Medina

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