Publicado en El Dificil Arte de Sobrevivir con Estilo Domingo, 07 Febrero 2016 06:00

Las palabras nos llevan a la gloria o nos hunden…

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A todos nos gusta hablar, opinar. Siempre estamos dispuestos aunque no nos pregunten a dar nuestra opinión, ahora sí como dicen por ahí meter nuestra cuchara.

Algunas veces te la agradecen y otras piensas mejor me hubiera quedado callada,  ya sea que cometes una burrada diciendo algo sin sentido o de plano ofendes a alguien…

Ejemplo la amiga que no puede detener su lengua para decirte que ese tinte no es bueno para tu cuero cabelludo cuando tú lo has usado toda la vida, o el taxista que dice conocer todos los atajos para llegar a la plaza comercial haciendo caso omiso a tu petición, o que tal aquél que además de dar su opinión cree saberlo todo…

¿Cómo aquietar esta inquietud que tenemos de años y que ha pasado de generación en generación?

Desde que el hombre es hombre buscó la forma de comunicarse con sus iguales. La comunicación es una necesidad básica casi, casi, como respirar, igual de necesaria para vivir. El problema es cuando usamos este medio cuando nadie a pedido nuestra opinión. ¿No les pasa que a veces hasta lo piensan para decir algo enfrente de ése que siempre mete su cuchara? Como que estamos predispuestos y cuando vemos a esa persona nos bloqueamos. También creo que todos hemos estado del otro lado en algún momento, espero que no por mucho tiempo. Es muy molesto que la gente te vea llegar y piense ya llegó esa pesada…

A lo que quiero llegar, es que las palabras tienen un gran poder. Y que aunque nos digan que nuestra idea es errónea o que nos vemos horribles, por citar algunos ejemplos, no debemos dejarnos influenciar, ¡eso es seguridad!

Si nosotros estamos convencidos de lo que pensamos así debemos continuar, aunque los demás digan misa. Si creo que este labial se me ve sensacional, no me lo debo quitar sólo porque a Susana no le agrada, que tal vez más adelante le dé la razón, ¡eso qué! tenemos el derecho y la obligación de corregir si algo está mal, ¡tenemos esa gran oportunidad!

No nos quedemos nada más en el criticar al otro, porque esa es una posición muy cómoda ¿o no?  No hacemos un alto a vernos a nosotros mismos, hagamos las dos partes, no olvidemos la autocrítica.

Es tan fuerte el poder de las palabras que debemos utilizarlas para puras cosas positivas casi, casi, bendiciones. Cuando rezamos el Padre Nuestro son palabras poderosamente fuertes llenas de energía, de luz…

Así que usemos nuestras palabras para construir, no para destruir. Seamos abiertos y positivos. Y que nadie nos quiete la intención de hacer y decir bien las cosas así nos estén pagando. ¡Ya sé! está pensando ¿y eso qué? Pues nada que lo menciono por el caso Legarreta… la mujer está en el ojo del huracán sólo por un resbalón de minutos… la sociedad la está crucificando dándole más importancia de la que tiene. Como si no supiéramos que ella tiene un precio y que maneja su imagen a través del dinero, que la regó pues sí la regó y seguro está arrepentida porque no creo que piense y crea lo que dijo…  pero ya, todo pasa…

Esto nada más para que aprendamos que no hay líderes de opinión más que nosotros mismos… los demás tarde que temprano nos decepcionan y nos hacen sentir traicionados…

 

Hasta la próxima.

 

Publicado en El Dificil Arte de Sobrevivir con Estilo
Laura Medina

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