Publicado en El Dificil Arte de Sobrevivir con Estilo Sábado, 09 Mayo 2015 19:00

Las palabras de mamá

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Obviamente el espacio de hoy está dedicado a las madres.

Así que antes de que suceda cualquier cosa, mando una felicitación enorme para todas aquellas mujeres que tienen el gran privilegio de ser mamis y toda mi admiración para ellas, principalmente a mi mamá lógicamente.

Vengo de una familia donde el matriarcado reina, una familia donde predominan las mujeres. Mujeres de carácter. Quizá por ello madres prácticamente solteras. Unas divorciadas, otras viudas y otras madres solteras por decisión propia, y yo que decidí, hace tiempo atrás, no tener hijos.

Ser mamá es una enorme responsabilidad y no me creí capaz de asumirla. Así que una vez más ratifico mi admiración para aquellas mujeres que no tienen uno, sino varios hijos. Mi mamá por ejemplo que no se conformó con uno o dos hijos, tuvo siete y todas mujeres. Ya se imaginarán, mi casa una locura, pero muy, muy divertido la verdad.

De ella, mi madre, aprendí que en la vida todo se puede lograr, basta con que tengas el coraje de hacerlo y nunca quitar el dedo del renglón, ¡así como aprendí que el lipstick color rojo siempre te hará lucir arreglada!

La amo y la admiro en toda la extensión de esas palabras. No sé si son los años o el hecho de ser madre, pero siempre, siempre, tiene el mejor consejo, la mejor palabra de consuelo, la mejor caricia, el mejor beso... Siempre que ve que ando medio fuera de lugar, creyéndome cosas que no soy o actuando como adolescente, me dice: "qué falta te hace tener un hijo, tu vida sería otra y rendirías el doble de lo que rindes, te hacen falta responsabilidades para que ahora sí madurez". ¡Ups!

No sé porque cuando me veía como madre, me veía sola sin una pareja. Vi tantos matrimonios fracasar, tuve un sinfín de amigos de padres separados o de plano abandonados, y fui testigo de que no la pasaban nada bien. Así que me asuste y me bloquee con el asunto de los hijos. No quise traer a este mundo seres que fueran medianamente felices. Lo reconozco, me acobarde.

Al pasar los años mis hermanas se convirtieron en madres y sus hijos, mis sobrinos, han suplido esa parte afectiva en mi vida. Ya sé, no es igual y nunca lo será, pero me hacen feliz... ¡son prestados!

Cuando me enamoré por primera vez, confieso me dieron ganas de tener un bebé. El enamoramiento pasó y empecé a ver los defectos, o lo que para mí era un no para que no fuera el padre de mis hijos. Ellos, los hijos, sería algo que me uniría toda la vida a aquel hombre, lo pienso y se me enchina la piel...

Traer un ser a este complicado mundo es mucha responsabilidad, guiarlo por el camino correcto, luchando con todo lo externo que lo puede malograr, me estresaba.

Por ejemplo, veo a la hija de Peña Nieto refiriéndose a sus semejantes como lo hace, de ese modo tan despectivo, y me asusta pensar que pudiera ser mi hijo o hija. No lo soportaría. Definitivamente mi trabajo como guía en esa situación hubiera sido pésimo, pero bueno, bendito Dios, esa no es mi bronca.

Mi problema real es que tengo un gran ejemplo a seguir, mi súper mamá y ¿cómo superarla? Nunca lo podré hacer, no sé de dónde saca tanta energía. ¿Tiempo? le da tiempo de todo, va, viene y regresa, y se ve genial, debe ser ese lipstick rojo...

Si hubiera sido madre, sin dudarlo me hubiera gustado que mi hijo o hija hubiera heredado la belleza física y la fortaleza de mi señora madre. Aunque creo lo hubiera echado todo a perder porque soy requete consentidora. ¡Una mamá barco en potencia! A estas alturas de mi vida la maternidad es una situación enterrada. Nunca encontré a la pareja que me inspirara serlo, así que éste y los próximos 10 de mayo que haya en mi vida, seguiré festejando a mi madre y seguiré viendo desfilar los arreglos florales y todas esas lindas manualidades que los niños y maestras hacen en la escuela, pero lo que me reconforta es que todavía en la calle me gritan "mamacita".  Mal y corriente chiste, lo sé.

El caso es que espero que todas las mamás del mundo tengan un día maravilloso, que las consientan como se merecen. Yo le di un regalo de esos, que sus enseñanzas se irán conmigo hasta el día de mi muerte, así como siempre recordaré, cuando venga a mi cabeza querer abandonar el camino, sus sabias palabras: "cómo no se va a poder".

¡Te amo porque gracias a ti y tu súper poder, he podido librar todas las batallas y aquí estoy de pie! ¡Gracias mamá!

 

Hasta la próxima...

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Laura Medina

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