Publicado en El Dificil Arte de Sobrevivir con Estilo Sábado, 25 Abril 2015 19:00

Cuando notes que el maltrato en una relación te está gustando, ¡aguas! hay algo en ti que está mal...

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Hace algunos artículos les compartí una de las peores experiencias de mi vida.

Se trataba de un tipo súper mega guapo que conocí,  testosterona pura ¿lo recuerdan? Me bateo porque resultó que era amigo de mi ex marido y   bueno leal a su código de amistad, me despacho. La cosa es que la historia no acabó ahí, después de unas semanas me busco y como que se le olvido lo de su "cuate" y empezamos a salir. Yo me sentía dentro de una novela de amor. Yo lo veía ¡wow!, alto fuerte, guapo, profesionista, ¿qué más podía pedir?

Al paso de los días fue sacando su verdadera personalidad. Se mostraba grosero y, lo peor, violento. De repente me trataba súper bien y después ya estaba de malas y me trataba mal. Llegue a pensar que sufría de quinto-polaridad, eran tales sus cambios de humor que lograba sacarme de mi equilibrio y entonces yo sacaba lo peor de mí. Éramos una bomba de tiempo. Hasta que llegó el día y esta bomba explotó. Iniciamos un pleito que terminó en guerra. Nos gritamos, nos insultamos, casi, casi, llegamos a la agresión física y de la emocional ni se diga, quedé agotada. Al final de la batalla él me dejo. Sí, fue él quien terminó la relación. Quedé muy lastimada, lloré algunas semanas, pero el día de hoy se lo agradezco tanto, de verdad si él no hubiera terminado la relación, yo la hubiera continuado y apuesto que se hubieran presentado más guerras y éstas cada vez hubieran sido más dolorosas, una especie de autodestrucción. Si él no hubiera tomado la decisión de hasta aquí, nos hubiéramos perdido en un laberinto, lo que se conoce como un círculo vicioso.

Justo a tiempo se terminó. No lo volví a ver. Terminamos en los peores términos y bien bloqueados. Acepto que fue él, quien primero me bloqueo de todos las redes sociales, teléfono, etcétera, cosa que le agradezco, me evito tentaciones. En el fondo estaba arrepentida de que las cosas se hubieran dado así. No me gusta terminar mal con nadie, no me gusta que si de casualidad me los topo, se den la media vuelta como si apestara. Me quedé con una extraña sensación en el pecho, no sé si logro explicarme. Pronto se me quito, cuando me enteré que el muy canalla andaba diciendo que yo fui una loca que lo acose todo el tiempo, ¡o sea así o más cobarde!  Lógico, me llene de indignación y coraje, le pedí a Dios no volverlo a ver porque sino lo iba a cachetear no importándome nada. Estaba con una amiga cuando nos esteramos de su bajeza y fue ella la que me dijo: “calma, nena, agradece que está fuera de tu vida y bendícelo”. ¡Tenía razón! nada iba a solucionar si lo golpeaba, al contrario yo con mi acción nada más iba a constatar lo que él había dicho de mí. Así que me relaje, pero igual le rogué al universo no volverlo a ver.

¿Qué creen? el universo me ignoro, bueno eso pensé cuando lo vi entrar a mi negocio. ¡Sí, era él! Pero qué hacia aquí, qué quería, esa era la pregunta. ¡Créanlo! me pidió una disculpa y me dio un fuerte abrazo, lo disfrute tanto, no hay como cerrar círculos y terminar en buenos términos con la gente y más aun cuando los llegaste a querer.  Cuando salió de mi local, sentí paz y lo tengo que aceptar, me dejo una gran sonrisa en la cara. Tomé mi teléfono y le marqué a mi mejor amiga, se lo tenía que contar a alguien. Me sorprendió su reacción, me regaño. “Cómo es posible que hayas aceptado su disculpa, su abrazo”, yo, aturdida por sus gritos, le dije “cálmate, no regrese con él, sólo lo disculpe y me disculpe a mí misma”. Le expliqué que eso no quería decir que iba a volver a salir con él. Que lo padre era que habíamos terminado ahora sí la historia y la habíamos terminado en santa paz, el círculo se había cerrado y yo le estaría eternamente agradecida que me haya hecho conocer las relaciones tormentosas, ya que aprendí que es así como no quiero vivir el amor. Definitivo, fue mi debut y despedida en este tema. Una relación llena de malos vicios no puede ser amor. El amor para mí debe ser paz, tranquilidad, equilibrio, compartir y sobre todo debe existir respeto.

¡Hasta la próxima!

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Laura Medina

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