Publicado en El Dificil Arte de Sobrevivir con Estilo Sábado, 18 Abril 2015 19:00

Un día sin Face, whatsapp e Instagram

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No hay miedo más horrible que perder lo que más amas en la vida..... ¡el celular!

Ese vacío que sientes en el estómago cuando lo buscas y no está... no es de Dios ¡a poco no! Es que este aparato se ha vuelto indispensable en nuestras vidas, bueno al menos para mí así es. 

Es mi agenda, es mi despertador, mi capturador de momentos inolvidables, el lugar donde guardo mis ideas en notas de voz, almaceno mis importantísimos correos electrónicos, mis redes sociales, todo, o sea ¡mejor que mi asistente! Mi celular trabaja más de ocho horas diarias y lo hace sábados y domingos también.

He tenido las malas experiencias de perderlos o que se me hayan caído al excusado. Ya sabes, lo hechas al bolsillo trasero de tus jeans, de repente te anda de la pipi, vas y zaz… ¡plop! al agua pato... Lo recuerdo y se me eriza la piel, vi como mis fotos iban desapareciendo una a una, están de acuerdo que jamás volveré a ver esos ¨recuerdos¨.... triste.

Hace apenas unos días vi sufrir horrores a una amiga porque dejo su celular en el baño del gym, apenas había dado unos pasos, cuando se da cuenta que le falta algo en su mano derecha, “mi celular”, gritó desesperada, al tiempo que emprendió la mejor carrera de su vida, fue lamentable que cuando llegó al lugar de los hechos, el aparato receptor ya había desaparecido. Hay personas que con las manos son unos magos, me cae, fue cuestión de segundos. Lo buscamos por todos los rincones del baño, avisamos a recepción que cerraran las puertas, que dieran la orden de que nadie saliera y que todos serían revisados e investigados... Obvio, nos tiraron de locas y sólo nos dijeron: “lo sentimos pero no podemos hacer nada, siempre les pedimos que tengan especial cuidado con sus artículos de valor”.

Corrimos al auto y nos fuimos directo a la compañía telefónica. Para nuestra mala suerte el servicio de atención al cliente estaba al tope. Ni modo, a hacer cola. Está claro que haríamos todo lo que tuviéramos que hacer para recuperar información de ese celular. Y cuando digo que haríamos cualquier cosa, estoy diciendo cualquier cosa “¿capisci?” , seriamos capaces hasta de extorsionar para que la personas de adelante nos dejaran pasar. Lo nuestro era una emergencia, algo así como de vida o muerte. Pero como que se veía que todos tenían la misma urgencia, así que eliminamos el plan A. ¿El B? cuando lo estábamos fraguando, pasó algo celestial. Créalo o no, uno de los agentes se paró, echó un vistazo al lugar, nos localizó con la mirada y dijo “ustedes pasen”. !Dios existe!, como resortes nos paramos las dos. “En qué las puedo ayudar”, nos preguntó muy amablemente. No lo hubiera hecho, como descocidas empezamos hablar las dos al mismo tiempo, pues no se nos entendía nada, de un manotazo nos interrumpió, de inmediato notamos su molestia y lo último que queríamos es que se arrepintiera de su elección, así que ambas le bajamos a nuestra intensidad, bueno yo más, y la dejé que ella le explicara el problemón.

Los gestos del chico del mostrador nos decía que había malas noticias. El teléfono de mi amiga no tenía seguro, pérdida total. La información nunca la guardó en la famosa nube, pérdida total de información que incluía material fotográfico. Estábamos a punto de derramar lágrimas, cuando el joven dijo “tengo un salida para ustedes”.

¡Dios existe! Nos ofreció que pagáramos el seguro del celular y después de un mes reportarlo como robado y así mi amiga recuperaría el aparato, pero de la información nada. Descubro en los ojos de mi amiga su inconformidad, la sacudo para que salga de su shock, me voltea a ver y me dice: “mis contactos, mis fotos. Tiene que haber una forma de rescatar mis recuerdos”. “Ya no hay nada que hacer, entiéndelo”, le dije... la tomé del brazo y me la llevé de ahí.

Para cuando la dejé en su casa, ya pasaban de las cinco de la tarde. Estuvimos toda la mañana y parte de la tarde tratando de recuperar el teléfono celular. A lo que voy con esto, es que la tecnología nos está absorbiendo. A mi novio se le descompuso su Iphone y sólo funciona con wi–fi. Bueno. llega como desesperado de la calle a la casa o negocio, o cualquier lugar que tenga acceso a internet, a contestar el whatsApp y revisar el Face. O sea tranquilo, la vida sigue con o sin celular, además ya viste, ¡yo estoy aquí!

Y mi amiga estuvo a final de cuentas sin teléfono una semana y les digo la verdad, fue nuestra mejor semana, convivimos e hicimos cosas que nunca habíamos hecho, ¡genial! Bueno, gracias a que yo me solidarice y apagaba mi cel cuando estábamos juntas, para no darle ansias, y lo digo en serio, había ocasiones en las que llegando a casa por ejemplo, se me olvidaba prenderlo hasta el otro día. Me gustó el ejercicio y lo voy a adoptar. Ahora el tiempo que dedicaré a mis amigos y familiares será real.

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Laura Medina

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