Publicado en El Dificil Arte de Sobrevivir con Estilo Sábado, 28 Marzo 2015 18:00

Estoy hasta la eme... ¡de andar siempre corriendo!

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Esto no es vida. Me levanto a las cinco de la mañana de lunes a viernes para llegar presentable a mi trabajo. Dos horitas de producción nada más es lo que necesito ¡ups! Bueno, es que estoy frente a una cámara y es lo menos que se merece el espectador. ¡Que la que esté a cuadro si no da bien la nota y se le lengua la traba, pues mínimo que se vea mona!  (Por cierto se transmite de martes a viernes de 7:30 a 9 am en vivo por el canal Minutostv por Youtube).

De ahí me voy volada a desayunar con el galán, pues abro mi negocio a las diez de la mañana. ¡Prácticamente me trago los huevos! De ahí me enfrento al tráfico espantoso de todos los días en Cuernavaca, antes había horas pico, ahora en cualquier hora del día puede ser hora pico o algo parecido ¡gracias a alguna manifestación! Total que por x o y llego retrasada a mi negocio llego, lógico, estresada y acalorada. ¿Qué tal el calorcito que se ha sentido?

Pasan las horas volando y cuando veo ya son las cinco o las seis, hora justa donde me entra un sueño espantoso y justo la hora donde debo empezar a trabajar en lo que será el noticiero del siguiente día. Aquí es donde Lulú, mi asistente y amiga (que por cierto se me casó el día de ayer, la extrañaré horrores) se encargaba de hacer mis depósitos, pagos, notas, facturas y lo mejor me escuchaba, podíamos platicar horas, definitivamente ya la empecé a extrañar) entra en acción y muy amablemente va por mi café súper cargado. La información llega a cuentagotas y es en ese momento, en ese preciso momento, cuando a todo el mundo se le ocurre hablarme, mandar mensajes y hasta me llega la visita inesperada de una hermosa cachetona trenzuda que le encantan los muffins de chocolate, mi sobrina consentida, y que trae toda la energía para jugar. Y a mí que no me gusta dejar de contestar mis mensajes, correos, whats, etcétera, se me hace una grosería, entonces trato de contestarles a todos y atender a la gente que entra a mi negocio y se me empieza a acumular la información, ¡estrés! Me gusta terminar mi trabajo antes de las ocho, para llegar a casa y no saber nada de él.  Las amigas tienen el súper plan de ir al cine y después cenar sushi ¡es jueves! Yo no puedo ir porque Mario no ha mandado sus notas, mi vida social se está volviendo tan escasa ¡snif! Son cinco para las ocho, la pensión donde guardo mi camioneta cierra a las ocho en punto y ¡todavía faltan cinco notas por capturar!

Ni modo, me voy corriendo en tacones a la pensión (mis rodillas me lo reclaman) y aparte sin la información completa !estresada de nuevo! Prendo mi camioneta, llegó a cenar a casa de mi novio, que bendito Dios ya me tiene lista la cenita. Cenamos, me pide que me quede un rato más. Yo accedo porque si no me hace un berrinchote y a esas horas ya no estoy para aguantar teatritos. Salgo de ahí volada, llego a mi casa, ¡ya son las 11 de la noche! Llego como loca a ver a mis perros, a acariciarlos un poquito, a ponerles su camita, agua si les hace falta... Subo a mi habitación, me desmaquillo, lavo mi boca y unto cremitas para la arruga, tratamiento nocturno para el cabello y en el cuerpo el anti celulítico. Aún no me puedo meter a la cama, me falta preparar el outfit del día siguiente, sinceramente es ahí donde me tardo más, ya saben tengo un closet lleno de ¡no tengo qué ponerme! Total, que me voy durmiendo como a la una de la mañana y al otro día el despertador suena a las cinco !échenle cuentas!

Llega el viernes y me pongo feliz, tengo toda la tarde libre....

planeó miles de cosas, ir al cine, a cenar, a tomar un trago, a bailar.... Conforme van pasando las horas, mi energía se va menguando y no pienso en otra cosa que no sea mi cama y buena película en casa. Plan fallido, llega toda la familia a cenar y bueno se arma la reunión. Me vuelvo a dormir tarde, al otro me levanto a las siete, me cambio y preparo mi maleta en friega para irme al gym, antes de salir limpio el cuarto de mi mascotas y preparo lo que será mi desayuno, llego derrapando a la clase de pelota, hago un poco de cardio y me meto a la regadera. Le doy una alisada a mi cabello y vámonos, hay que abrir el negocio que las carteras no se llenan solas. !Saludos Pizagna! llego tarde, pero llego. A darle a la compú que los artículos tampoco se hacen solos.  Cuando me doy cuenta ya son las cuatro de la tarde, ya hay que entregar la columna que ustedes tan amablemente leen y me llena de gozo saberlo (así como que me siento mucho) y yo todavía ni tomo mi desayuno. La envío de volada y me relajo y ya puedo comer algo. Recibo la llamada de una amiga que me invita a bailar aunque signifique que no volveré a dormir !acepto! Llevo poco más de un año sin dormir las ocho horas reglamentarias para poder reponerme. Duermo en promedio de cuatro a cinco horas y el resto de las horas estresada. Me voy a ir a disfrutar de la noche “Ladies night”, ¡yea! Cierro el ¨changarro, me apresuro a enfundarme en el vestido más sexy que tengo en el closet y lista... En calidad de bulto llego a las cuatro de la mañana a mi cama y como soy una enferma, el domingo me levanto a las ocho para ir a correr... Llego a mi casa, me doy un baño y en friega me voy mi negocio, también trabajo los domingos y cierro hasta las ocho... El novio quiere ir al cine, y yo también, pero... no a la función de las 11 pm quiero dormir, al otro día lunes empieza mi misma rutina, no tengo idea de lo que significa la palabra vacaciones.

Y como la vida y el cuerpo no se equivoca... tómela, que me enfermo, a la vista infección en el riñón. Es natural, el cuerpo responde a la mala vida que le doy… como a deshoras, no duermo lo que tengo que dormir, confieso que he tomado poca agua últimamente... y el cuerpo y la vida son sabias. Enfermarme me obligó a hacer un alto y dejar de correr como en maratón. Me merezco un descanso y basta de estar complaciendo a todos aquellos que sí tienen tiempo de dormir, ¡seres egoístas! 

¡Lección aprendida!, ahora reposo el cuerpo y el alma...

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Laura Medina

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