La escuela “Niños Héroes” de Alta Vista está sin concluir; autoridades ignoraron a los padres de familia.

Padres de familia de la Escuela “Niños Héroes” ubicada en la colonia Alta Vista de Cuernavaca, protestaron la mañana de ayer en el plantel para exigir que se concluyan las obras del programa “Escuelas al Cien”, que se debieron entregar desde el 2017.

Los inconformes colocaron letreros en las puertas del centro escolar y amenazaron con tomar el plantel o cerrar calles si no hay una respuesta pronta a su demanda.

Expusieron que como parte del programa “Escuelas al Cien”, el gobierno liberó recursos para esa primaria a finales del 2017. Los fondos que suman alrededor de un millón 200 mil pesos, estaban etiquetados para la construcción de seis aulas.

Conforme al proyecto formal, la reparación de los salones se debió terminar desde el mes de febrero o a más tardar en marzo del presente año, pero no se ha cumplido.

Ya estamos a unos días de que concluya el actual gobierno estatal, apuntaron los manifestantes, además de externar su preocupación porque los recursos “se pierdan” o las autoridades entrantes “salgan con que no saben dónde quedó ese dinero”.

Tan solo en el turno matutino hay alrededor de 300 estudiantes afectados y en el vespertino hay una matrícula de aproximadamente un centenar de alumnos.

Las madres de familia dijeron que las aulas no tienen ventanas, ni puertas, no hay protecciones, por lo que sus hijos sufren calor, frío y también se mete la lluvia. Además, indicaron que en un salón no hay energía eléctrica, pero en otro de los salones se colocaron cables con tubo de aluminio, pero no se cubrió la conexión, por lo que si los niños tocan, “les dan toques”.

A pesar de la protesta no hubo respuesta alguna de las autoridades, por lo que dijeron que esperarán esta semana, de lo contrario irán a bloquear las instalaciones del Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos (IEBEM).

Publicado en Sociedad
Viernes, 21 Septiembre 2018 05:10

¿Sobrevivir al 19-S? Eso cuesta caro

Un matrimonio de la tercera edad que sobrevivió al derrumbe del Centro de Salud de Coatetelco ha tenido que enfrentarse a las graves heridas que sufrió y la falta de apoyo gubernamental.

Miacatlán.- Olvidado por las autoridades está un matrimonio que sobrevivió al derrumbe del arco de concreto del Centro de Salud de Coatetelco por el terremoto del 19 de septiembre de 2017, incluso por muchos de los grupos de ayuda que llegaron a la comunidad, ya que los apoyos se destinaban para quienes habían perdido su casa.
Alrededor de la una de la tarde del 19 de septiembre de 2017, el matrimonio de Dominga López Rodríguez, de 56 años, y Martín Nepomuceno Pérez, de 60 años, llegaba al Centro de Salud porque tenía una cita por el programa de Prospera, como muchos de los que estaban en ese lugar aquel día. Acababan de entrar cuando todo comenzó a moverse y les indicaron inmediatamente que salieran; al salir, la estructura de concreto cayó por completo sobre Dominga y Martín.
"Se vino el arco que estaba, nada más vimos que volaron los pedazos y nos cayó parte del escombro. A mi esposa le cayó en la cadera y la pierna, a mí me cayó un pedazo de concreto en la pierna derecha", relató Martín. 
"Intentábamos levantarnos, pero no se podía. Cuando caímos, volteaba a ver a mi alrededor y veía polvo, gente atrapada en espacios más grandes de concreto, sangre; oía gritos de auxilio, y después, y lo supe después, perdí el conocimiento porque me golpeó la cabeza una reja de tubulares que se nos vino encima, y perdí el conocimiento. Desperté alrededor de las tres de la mañana y ya estaba en una camilla del Hospital (General) de Tetecala; vi a mis hijos y mis hermanos alrededor, todos llorando. Mi hija me preguntó cómo me sentía y yo dije que mal, no sentía mis piernas. Mis hermanos me decían que iba a estar bien", contó la señora López.
Poco a poco, Dominga, que resultó con fractura en cadera y pierna izquierda, fue recuperando el movimiento. Tanto ella como don Martín permanecieron hospitalizados en el mismo cuarto 14 y 12 días, respectivamente.
Tuvieron muchos gastos que entre la familia lograron solventar. El apoyo que sí recibieron fue la atención por parte de una brigada de médicos de Hidalgo que los operó y donaron los aparatos que a los dos les fueron colocados, pero por parte de la presidencia municipal. Únicamente recibieron, semanas después del sismo, la visita de trabajadores con dos despensas, una para cada uno, pero nunca regresaron, de nuevo.
El matrimonio, como muchos, tampoco ha podido regresar al Centro de Salud, tiene miedo, la imagen del desastre sigue en su mente. La tarjeta de Prospera únicamente la lleva su hija cada mes para que no le quiten el apoyo. Todas las curaciones que Dominga y Martín siguen recibiendo son en el hospital.
Aseguraron que fueron seis los que murieron ese día, dos niños, dos médicas y dos señores más, aunque oficialmente se habló únicamente de cuatro decesos en ese lugar, ya que el resto falleció en el hospital a consecuencia de las lesiones por el sismo.
Para, doña Dominga el trauma fue tal que a la fecha sigue con miedo. Por meses, fue difícil conciliar el sueño, tenía pesadillas, y a un año de la tragedia, ese temor regresa, dijo. 
"Ya se cumplió un año y se vuelve sentir. No podíamos salir. Sí hubo mucho apoyo, pero para quienes podían salir, quienes habían perdido su casa. Nosotros tardamos para poder movernos; mi esposo tuvo unos fijadores por varias semanas, con seis tornillos. Yo estuve en cama; apenas en marzo comencé a caminar más", añadió. 
A la fecha no han logrado recibir rehabilitación por el costo que esto representa, ya que tienen que trasladarse en taxi. Don Martín es campesino, pero desde el 19 de septiembre no ha vuelto a trabajar, y aún no se siente seguro para hacer su vida normal. Ha sido un año muy difícil para ellos, dijo el sexagenario.
Su casa se ubica en la calle Amargura sin número de la colonia Centro en Coatetelco. Ahí pasan los días, ayudados por su familia, que en todo momento ha estado con ellos cuidándolos y atendiéndolos.

Publicado en Zona Sur

En el marco del primer aniversario del sismo del 19 de septiembre del año pasado.

Cuautla.- En los eventos realizados como parte del homenaje a las víctimas del 33 aniversario del terremoto de 1985 en la Ciudad de México  y del temblor del 19 de septiembre del 2017, como ejercicio de seguridad y prevención, se realizó la activación de la alarma sísmica y el protocolo de simulacro con la participación del personal  del Sistema Operador de Agua Potable y Saneamiento de Cuautla (SOAPSC), el personal del Ayuntamiento de Cuautla, Protección Civil, Bomberos y el 5to Regimiento Mecanizado de Cuautla.

El director general del SOAPSC, Rodrigo Luis Arredondo López, informó que estas medidas de precaución para eventos de desastre natural son de suma importancia para saber cómo reaccionar ante cualquier contingencia.

En esta ocasión los elementos de las agrupaciones antes mencionadas llevaron a cabo la evacuación del personal y las labores de rescate en caso de un acontecimiento de desastre.

Asimismo, previo al simulacro, se llevó la capacitación por parte de elementos de Protección Civil y Bomberos del personal del SOAPSC para brindar el apoyo a sus compañeros en caso de un sismo.

Finalmente, reconocieron la importante labor de los elementos de rescate de la heroica ciudad de Cuautla, los cuales sin duda son capaces de afrontar cualquier contingencia como lo hicieron el 19 de septiembre del 2017.

 

Publicado en Cuautla
Jueves, 20 Septiembre 2018 05:11

Realizan simulacro en Jonacatepec

Para recordar los sismos de 1985 y el 2017.

Jonacatepec.- Conmemorando un aniversario más del sismo de 1985 y el primero del suscitado el pasado 19 de septiembre del 2017, las autoridades municipales encabezadas por Israel Andrade Zavala y trabajadores del Ayuntamiento participaron en el simulacro que se realizó este miércoles en la cabecera municipal.
Como reconocimiento y respeto a quienes perdieron la vida en tan lamentables sucesos, los ahí presentes guardaron un minuto de silencio con el puño en alto.
Posteriormente, las autoridades municipales reconocieron el trabajo realizado por elementos de Protección Civil y del Ejército Mexicano durante la contingencia vivida hace un año.
Además, recomendaron a la población el mantenerse alertas y siempre atenta a los diversos comunicados que emitan las autoridades correspondientes, para salvaguardar su integridad y la de sus familias. 
Aparte de los trabajadores y autoridades municipales, al simulacro también se unieron los trabajadores de las diversas secretarías y delegaciones de los gobiernos estatal y federal, así como organizaciones civiles y la ciudadanía en general.

 

 

Publicado en Cuautla

En Morelos se llevaron a cabo simulacros en escuelas, oficinas públicas estatales y federales, así como en empresas y plazas comerciales.

En conmemoración del Día Nacional de Protección Civil y de los aniversarios de los sismos del 19 de septiembre de 1985 y del 2017, en Morelos se llevaron a cabo simulacros en escuelas, oficinas públicas estatales y federales, así como en empresas y plazas comerciales.

El coordinador de protección civil del estado, Francisco Javier Bermúdez Alarcón, aseguró que se cumplió con el propósito de promover la cultura de la prevención, con la participación de miles de personas que en punto de las 13:16 horas llevaron a cabo simulacros, como en otras entidades del país y en la Ciudad de México.  

La Coordinación de Protección Civil del Estado de Morelos informó que el simulacro fue de evacuación por sismo, y se efectuó en sitios como la cínica uno del Instituto Mexicano del Seguro Social, en Caminos y Puentes Federales, el Congreso local, la universidad del estado, escuelas de todos los niveles escolares (en dos turnos matutino y vespertino) y en delegaciones federales. Además en plazas como Galerías, Averanda, Forum, Plaza Cuernavaca, el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA), centros e institutos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en Morelos, entre otros.

Apuntó que se dará el recuento final en la clausura de la Semana Estatal de Protección Civil este viernes, en el contexto de un macrosimulacro en el parque industrial de Civac.

Explicó que en el caso de lo que estaba programado en el palacio de gobierno, se llevó a cabo “un simulacro interno”, es decir, que el personal salió de sus oficinas, pero se quedó en los pasillos. No egresó hasta la plaza Emiliano Zapata, como se realiza habitualmente, ya que había una manifestación de estudiantes de la Normal de Cuautla.

“El protocolo indica que si hay algún impedimento en la salida, las personas se tienen que replegar en sitios seguros como son trabes, columnas y, después, de manera ordenada, ir a las salidas de emergencia para evacuar el inmueble”, expresó, al asegurar que el resto de las actividades del simulacro se llevaron a cabo.

Cabe señalar que los manifestantes habían acordado que permitirían la realización del simulacro, incluso despejaron la entrada principal al palacio, formaron una valla alrededor de lo que se conoce como “Plaza de Armas”, pero la gente del edificio público no salió.

 

El Fonden nos quedó a deber: Graco Ramírez

Desde temprana hora de este 19 de septiembre se llevó a cabo la ceremonia de conmemoración del aniversario de los sismos del 19 de septiembre de 1985 y del año pasado; se izó la bandera a media asta, en señal de duelo por las personas que perdieron la vida en ambos desastres naturales.

En su intervención, el gobernador del estado Graco Ramírez Garrido Abreu sostuvo que es necesario revisar el Fondo de Desastres Naturales (Fonden).

"No podemos dejar de reconocer el amor y la solidaridad que muchos mexicanos y extranjeros nos dieron en esos días difíciles", expresó el titular del Poder Ejecutivo, al recordar que en el sismo del año pasado, 74 personas perdieron la vida en Morelos.

El gobernador hizo notar que al contar con el sistema C5 fue posible una mejor conectividad e identificación de daños; además reconoció a los maestros de Morelos que momentos antes realizaron un simulacro, lo que permitió cero pérdidas de vidas humanas en centros escolares.

También reconoció la labor de cuerpos de emergencia civiles, al ejército y, en particular, al personal de hospitales y centros de salud.

De igual forma, aseveró que no hay justificación alguna para suspender las labores de reconstrucción después del primero de octubre, porque “el dinero ahí está y no lo maneja el estado, lo opera Banobras”, y subrayó que no importa el cambio de administración y Morelos debe seguir en la reconstrucción.

Manifestó que "el Fonden nos ha quedado mucho a deber", en tanto que aseguró que el gobierno estatal aportó los recursos que le correspondían; añadió que con un refuerzo estatal se ha logrado cubrir alrededor del 60% de las casas dañadas.

Consideró que es necesario revisar el Fonden, pues "es increíble" que se vaya revisando con criterios burocráticos y cada dos meses, desde el escritorio, las solicitudes de recursos ante emergencias como los sismos.

Ante los cuestionamientos que han hecho organizaciones sociales sobre el manejo de los recursos, insistió en que se han dirigido a la reconstrucción e insistió en que hay fondos que se deberán aplicar en la siguiente administración.

En su intervención, el secretario de Gobierno, Ángel Colín López, recordó que Morelos es ahora territorio sísmico y desde esa fecha se han registrado más de un millar de movimientos menores.

El funcionario estatal enfatizó que los sismos no son predecibles, pero se ha desarrollado tecnología y han mejorado estrategias para una reacción más oportuna.

Colín López destacó el desarrollo de la cultura de la protección civil y enfatizó que en la desgracia ha crecido el valor de la solidaridad.

 

 

Publicado en Sociedad
Miércoles, 19 Septiembre 2018 05:36

En el olvido, damnificados por el 19-S en Cuautla

La falta de recursos económicos los tiene viviendo bajo peligro.

Cuautla.- Debido a la falta de políticas públicas por parte de las autoridades de los tres niveles de gobierno para apoyar a los damnificados por el sismo del 19 de septiembre de 2017, que no cuentan con sus documentos regularizados, ha ocasionado que numerosas personas que resultaron con sus viviendas dañadas se mantengan en el olvido.

Este sector de afectados continúa viviendo en condiciones de alto riesgo ante la imposibilidad de volver a construir por su cuenta, lo que representa un pendiente que las autoridades no han querido atender.

Tal es el caso de la señora Rosa María Guadarrama, vecina de la colonia Gabriel Tepepa, quien no ha podido construir su vivienda por la falta de recursos económicos, por lo que ha vivido estos últimos 12 meses en angustia y con el temor de que colapse su casa y quede bajo los escombros.

Señaló que debido a que no cuenta con la documentación que avale la propiedad del terreno que ocupa desde hace décadas, no obtuvo los apoyos del Fondo para Desastres Naturales (Fonden) ni del programa estatal “Unidos por Morelos”.

Dijo que pudo obtener material de construcción por parte de una fundación de Estados Unidos a través del Ayuntamiento de Cuautla, pero por no contar con recursos económicos no ha podido reconstruir su casa, pues asegura que la mano de obra es cara “y no tengo dinero porque no puedo trabajar porque estoy discapacitada”, señaló.

 

Publicado en Cuautla

Aunque no saben cuántas personas están en esa situación.

Jojutla.- Los vecinos de la colonia Emiliano Zapata, afectados por el sismo, denunciaron que a un año del terremoto, no han recibido el apoyo prometido por las autoridades.

En conferencia, realizada la tarde de ayer, los damnificados acusaron que enfrentan problemas de diversos tipos para edificar sus viviendas.

Maribel Morales Vega señaló que entre los problemas que enfrentan, está el cambio de estatus en el Fonden, la incertidumbre de si las fundaciones construirán las casas pendientes y hasta de las viviendas en espera de demolición.

Sin embargo, dijeron no saber la cantidad de personas que están en esta situación y solo hicieron un estimado de que a alrededor de 50 familias, que ya están inscritas en algún programa, no les han iniciado la construcción de sus casas y de los 177 cambios de beneficiarios que iba a hacer el Fonden, solo hizo 75.

 

Publicado en Zona Sur

La primaria en que iba el menor lo recordó con un pase de lista, no así las autoridades que han olvidado apoyar a sus padres.

Coatetelco.- A un año del sismo del 19 de septiembre, la familia del menor que murió en el Centro de Salud de Coatetelco aún sufre su pérdida y trate de reponerse de los estragos de la tragedia, por su cuenta.
Hoy, hace un año de que José Miguel, de 10 años de edad, quien estudiaba el sexto grado en la Escuela Primaria “Felipe Ángeles” de Coatetelco y tocaba la corneta en la banda de guerra, dejó de estar físicamente con su familia. Aunque ya han pasado los meses, el dolor de su ausencia está presente entre sus familiares y amigos; sus padres aún se aprietan el pecho cuando hablan de él y por momentos se les escapan las lágrimas.
El 19 de septiembre de 2017, José Miguel se encontraba en el Centro de Salud con sus padres y su hermanita, de tan solo un mes y medio de nacida, cuando comenzó el temblor; su familia y la doctora de la clínica inmediatamente salieron de las instalaciones para ponerse a salvo; sin embargo, en ese momento, ocurrió la tragedia. 
Un arco de concreto situado entre la reja de acceso y el inmueble se derrumbó: José Miguel ahí murió; la mitad de su cuerpo quedó atrapado por la plancha de concreto, y fue difícil recuperar su cuerpo. En el lugar, también perdieron la vida dos médicas y dos adultos más; otro menor fue trasladado al hospital aún con vida, pero más tarde pereció. Muchas personas más resultaron lesionadas.
Ángel Jiménez, padre de José Miguel, relató que a un año del sismo el dolor sigue intacto. Extrañan las risas, los juegos y ocurrencias de José Miguel, su fotografía permanece en la pared del área común de la pequeña casa, que aún está en obra negra. Ahí mismo está una tarjeta con la imagen de Cristo y el nombre del pequeño, también un morralito con uno de sus juguetes. 
Helena, madre de José Miguel, quien resultó con severas lesiones aquel día, aún tiene secuelas por no recibir atención médica adecuada; usó collarín casi seis meses y en la actualidad no ha logrado hacer su vida normal por fuertes dolores en el cuello, espalda alta y brazo derecho, aunque se esfuerza mucho porque tiene que cuidar a su pequeña hija de un año y dos meses. 
La familia recibió ayuda mediante despensas y algo de dinero por parte de fundaciones, la ciudadanía en general y durante los primeros meses por parte del DIF municipal, pero desde el mes de noviembre nadie se ha acercado. 
A pesar de que los hechos se registraron en el Centro de Salud, ni el personal del lugar ni de la Secretaría de Salud contactó a la familia. 
La casa de los Jiménez se ubica en las afueras de la comunidad de Coatetelco, ya en la falda del cerro, es la última casa de la calle 16 de Septiembre de la colonia Pedro Saavedra; en la esquina aún se encuentra una cartulina de color naranja donde la familia agradece el apoyo de los voluntarios. 
Helena no ha regresado al Centro de Salud, ha pasado meses en depresión y le ha resultado difícil seguir adelante. Ha recibido atención médica cuando el personal salubrista acude a la colonia los días viernes o ella va al Hospital General de Tetecala. No sabe cómo reaccionará al ver el lugar donde murió su hijo mayor.
El pasado mes de julio, la generación 2012-2018 de la Primaria "Felipe Ángeles" llevó el nombre de José Miguel y del otro menor que falleció el 19 de septiembre, en recuerdo de las víctimas del seísmo del 19 de septiembre. También en el pase de lista sus compañeros de generación gritaron "presente" al escuchar su nombre, sus padres fueron invitados a la ceremonia y fue un momento de sentimientos encontrados, relató Ángel Jiménez.
Mañana, jueves 20 de septiembre, la familia Jiménez celebrará una misa a las ocho de la mañana en el atrio instalado en la explanada de la iglesia de San Juan Bautista, además realizará el novenario con rezos a las seis de la tarde en su domicilio. La madre de José Miguel ya prepara el altar.

 

 

Publicado en Zona Sur

Para hacer memoria de cómo afectó a la comunidad.

Tetecala.- En conmemoración de la contingencia por el sismo del 19 de septiembre de 2017, los colectivos y las organizaciones culturales de este municipio llevarán a cabo el programa "Sueña Tetecala" el próximo sábado 22 de septiembre. El evento será abierto para el público en general.
Arelhy Arellano, del Colectivo “Cuatro Patas”, informó que esta actividad se realizará con la participación de talleristas de la Ciudad de México, Cuernavaca y Tetecala en conmemoración del sismo de hace un año. "En nombre del derecho a soñar el Tetecala en el que queremos vivir, Colectivo ‘Cuatro Patas’ y algunos amigos presentan ‘Sueña Tetecala’, evento gratuito que se realizará en el zócalo del municipio el próximo sábado 22 de septiembre a partir de las 12:00 horas". 
Se contará con siete talleres, una presentación de teatro y una proyección, todo con la finalidad de informar a los asistentes sobre lo ocurrido en el 19-S, para hacer memoria de cómo afectó a la comunidad. 
Entre los talleres que se presentarán, está “Hagamos Ruido”; “Música y terapia”, con Keila Vidal; a las 14:00 horas se presentará la obra de teatro de Pablo Ballesta “Reconstruyéndonos”; se dará un curso de comunicación para niños; También se llevará a cabo la presentación de "Mi vida después del sismo"; "Imágenes en movimiento", con Humberto Lupercio; "Ilustra un comic", con Arturo Guadarrama, y "Sembrando sueños" con Javier García.
Las charlas informativas se realizarán en el Teatro Cuauhtémoc, donde se hablará de vivienda y autoconstrucción por el arquitecto José Sánchez, y el tema “Qué, quién, cuándo, dónde y cómo, ‘fuentes de información en caso de desastre natural’”, por el periodista Armando Sánchez. 
También, a las 18:30 horas se tendrá la presentación especial de "Grieta", fragmento del actual trabajo del grupo de teatro de Jóvenes Kasa en el Aire, de este municipio. 
Además, habrá juegos, juguetes, sorpresas y venta de artículos artesanales y comida.

Publicado en Zona Sur
Miércoles, 19 Septiembre 2018 05:56

Casi dos meses sin poder llorar

Estuve más de un mes y medio con las ganas de llorar, pero no podía hacerlo. Simplemente no había tiempo para el llanto.

Todo comenzó poco antes de las 13:00 horas, parecía un día tranquilo en los que la jornada laboral podría terminar pronto.

Con esa idea conducía mi vehículo muy cerca de Las Palmas cuando hice un alto para pagar el servicio telefónico.

Justo me detuve cuando inició la vorágine: todo comenzó a moverse, ante mí un poste se mecía como mástil de barco, reventaron cables de luz y alcancé a quitarme del sitio donde cayeron las marañas de acero.

Sí, está temblando, tranquila, estaciona en la otra acera. Bajé el pie con la certeza de que el movimiento cesaría, pero no fue así, la sensación del tiempo se pierde, pareció eterno.

En la transitada avenida Galeana todo se detuvo, los vehículos, la gente que salió de oficinas cercanas, de restaurantes, las rutas.

Algunos maestros de escuelas salieron a la calle y miraban hacia todas partes. Se habían realizado simulacros para conmemorar el temblor ocurrido la misma fecha 32 años antes y en ese momento no sabían si era real.

De inmediato comencé a recibir notificaciones de mensajes que confirmaban el sismo de 7.1 grados Richter, registrado a las 13:14:40 horas con epicentro en Axochiapan. De inmediato mandé el primer avance a la redacción con los datos técnicos preliminares del Sismológico Nacional.

Pensé en mi hija. Se habría asustado en una escuela nueva, con maestras y compañeros que acaba de conocer. No hay tiempo. Comencé con la imparable sucesión de llamadas telefónicas y mensajes que se cruzaban con los de familiares que preguntaban lo que ahora es frase común: “¿están todos bien?”.

Caminé al colegio donde estudia mi hija. No abrían la reja, pero uno de los maestros que conozco se asomó y me dijo que todos estaban bien, muy asustados, pero sin daños; todavía se encontraban en el patio, en el punto de reunión (como lo habían practicado en el simulacro esa misma mañana).

Recuerdo bien, eran las 13:23 horas. Una de mis hermanas logró comunicarse conmigo para decirme que cuando le fuera posible, ella iría a la escuela por la niña para ver cómo estaba.

Subí a mi coche y avancé por la avenida Morelos, había mucho tráfico, busqué dónde estacionar y comencé a caminar hacia el palacio de gobierno en busca de más información. Los coches y “las rutas” circulaban en sentido contrario, buscaban huir de la dirección hacia la que yo corría.

En la medida en la que yo me acercaba al centro de Cuernavaca, había más descontrol, la gente trotaba en todas direcciones, trataban de llamar por teléfono, otros cerraban las puertas de sus negocios, otros más señalaban con el dedo hacia la fachada de la iglesia de Guadalupe, de la que caían fragmentos.

Llegué hasta el Palacio de Cortés a contracorriente de la gente que buscaba transporte. El torreón de la que fue casa del conquistador español, quebrado, el reloj “colgado”.

De nuevo se pierde la noción del tiempo, que ahí quedó detenido con la hora de la sacudida que marcó la historia del estado.

En la sede del Poder Ejecutivo los trabajadores salían casi en tropel, no había a la vista funcionario alguno. La información seguía fluyendo por mensajería, yo tratando de evitar caerme por no mirar el camino, pues seguía mandando reportes a la redacción sin parar, sobre lo que me constó, porque lo vi y no lo habría creído “a la primera”, si no hubiera sido así.

El primer síntoma de que las autoridades fueron rebasadas por la situación y que constaté fue el gesto de la directora de los Servicios de Salud en el patio de las oficinas ubicadas en el callejón Borda. Rodeada de una decena de colaboradores, que no sabían qué pasaba en hospitales y en los centros de salud, tratando de llamar por celular, de anotar datos y cifras. Preguntaban a su interlocutor “¿estás seguro?”. En breve entrevista sólo pudo reportarme que habían desalojado hospitales y centros de salud, que las líneas de urgencias estaban saturadas. No podían comunicarse al hospital de Jojutla.

En resumen, no tenían idea de que también el sistema de salud colapsó durante algunas horas esa tarde. No conocían de los daños en los nosocomios más grandes del estado (del ISSSTE y del IMSS), ni imaginaban que pacientes, médicos, enfermeras y demás personal, pasarían una larga temporada en los lugares donde evacuaron, en estacionamientos, o a media calle, porque no pudieron volver a los edificios hasta varios días o semanas después, hasta que éstos fueron sometidos a dictámenes y fueron reparados.

“La torre Latino cayó”, decía un mensaje de mi compañera fotógrafa.

- ¿La de la Ciudad de México?

- No, la de aquí. Y es que nadie imaginó vivir algo así en la “ciudad de la eterna primavera”, en “la tierra de Zapata”. “Aquí no es como en la Ciudad de México”, pensaban todos y nadie sabía qué hacer.

El aviso de lo ocurrido y el sonido de las ambulancias me condujo a la Torre Latinoamericana. Suele suceder que los periodistas corremos hacia el punto del que la mayoría huye.

Dos cuadras antes estaba “el acordonamiento”, con cintas amarillas que nadie respetó. Por fin encontré a más compañeros y compañeras periodistas, una de ellas embarazada (seguramente llevada por el instinto de la información hasta ese sitio).

De nueva cuenta las autoridades estaban saturadas, sin capacitación para un hecho de esa magnitud. Muchas manos se tornan estorbo cuando no hay guía ni comunicación. Querían ayudar, pero no daban paso a más ambulancias. Olía a gas, bajaban a una persona desde una de las ventanas del edificio que, como supimos después, se colapsó parcialmente.

La duda sobre el sentido de permanecer en el lugar me asalta cuando veo mensajes de la familia angustiada, ya que algunos de los sobrinos que estudian en la Ciudad de México no habían sido localizados. Otros mensajes buscando a mi hija y a su tía que iría a la escuela, “con una sola palomita, sin entregar”. Otro mensaje más que indica que hubo daños en oficinas y viviendas cercanas a mi casa (construida en la década de los cincuentas). De nuevo, no hay tiempo. 

Otra vez gritos: “ya van a mover la losa para sacar a los que quedaron atrapados en la ruta” -en ese momento había esperanza de rescatarlos con vida-, entre empujones de policías y desconocidos que se hacían llamar “voluntarios”, nos acercamos para tomar videos y fotos, documentar lo ocurrido, informar.

Los envíos de información, en la era de la inmediatez de las redes sociales, no paran, hay que seguir enviando datos. Sólo se detienen por momentos, en los que los segundos te parecen horas y vives como en agonía porque se va la señal de internet o del teléfono. La imagen del video enviado “se congela”, se detiene la transmisión. El celular se vuelve tu peor enemigo, el objetivo de toda clase de maldiciones, hasta que vuelve a funcionar.

Duró varias horas la cobertura en la Torre. Algunos propietarios nos pedían a los periodistas no movernos del lugar para que documentáramos posibles saqueos, y darles voz en sus llamados de auxilio para que les dejaran rescatar sus documentos y algunos bienes.

Por otro lado, toca hacer frente o esquivar a elementos de policía que corrían a periodistas con singular dureza, hasta con manoteos en la cámara. Pedían que nos retiráramos del lugar por “el riesgo”, sin importar que habían cientos de curiosos en el mismo sitio, cuya integridad no parecía preocuparles en lo más mínimo.

Como en cientos de construcciones que cayeron ese día en la Ciudad de México o en otros estados, la solidaridad de mujeres y hombres fue evidente, la organización civil se impuso ante las limitaciones de equipo y personal de bomberos y otros cuerpos de rescate.

Doy fe, es real que muchas personas, que son oficinistas, limpiaparabrisas, taxistas, comerciantes que iban a su casa, decidieron quedarse y arriesgarse para ayudar.

La tristeza aflora cuando se observa la camilla del Servicio Médico Forense sacar el cuerpos de una de las tres personas que murieron en ese lugar, se extiende en el ambiente; los esfuerzos de muchas personas apuntalando la losa que cayó encima de la unidad de transporte parecían en vano.

Los reportes de la zona sur comenzaron a llegar: “Jojutla está destruido, se cayó el palacio municipal”, y como ése, seguían los reportes de puentes cuarteados, viviendas desechas, escuelas dañadas, la autopista del Sol interrumpida por el derrumbe de un puente, conventos e iglesias destruidos.

La adrenalina te provoca el deseo de acudir a esa zona cuanto antes, pero la orden de tu jefe de información, que puede ser tan firme como en la milicia, es que tú te quedas ese día y haces cobertura en esta zona.

 

El reto mayor

El reto mayor resulta distinguir noticias falsas de la información cierta y aplicar el rigor periodístico. La tarea se complica cuando las autoridades, por razones en ese momento desconocidas (que podrían ir desde la concentración en atender el problema, a la negación o hasta la ineptitud) no aportan datos oficiales.

También llegaban imágenes del desastre en la Ciudad de México –donde aún no aparecían los sobrinos y vive una parte de la familia- pero no aparecían mensajes de respuesta sobre dónde estaba y cómo estaba mi hija. Paradójicamente, sí llegaban mensajes desde España de personas cercanas que, enteradas del suceso, preguntaban cómo nos encontrábamos.

“Hay que moverse” es la frase coloquial entre reporteros y reporteras para ir a otro lugar donde hay noticia. El tiempo sí alcanzó para regresar caminando hasta donde dejé mi auto y trasladarme a la colonia Alta Vista, y otras avenidas donde se reportaron daños en viviendas.

En el trayecto vimos que las farmacias, los supermercados, las tiendas, en fin, todos los locales ya habían cerrado. Recuerdas que no has comido, recapacitas que debes buscar algo qué comer porque no sabes cuándo tendrás tiempo y quizá para entonces, ya no haya nada.

Nunca falta el alma buena que entiende tu trabajo, o las amistades, y agradeces como nunca el manjar que significa un sándwich hecho en la casa de la vecina de los damnificados que vieron cómo los edificios donde vivieron por más de 20 años se resquebrajaron. Sí da tiempo para darle un aventón a otra reportera que salió corriendo sin bolsa, sin dinero, sin nada más que su teléfono y su pila adicional.

En la barranca El Tecolote, un derrumbe provocado por el temblor destruyó algunas viviendas, había que bajar por terracería donde antes había escalerilla. Rocas y tierra cayeron en el techo de la casa. Sentado a un costado un hombre cuya edad no se adivinaba, cubierto de polvo, debilitado, buscaba a su esposa.

No podía moverse bien, pedía ayuda. Traté de quitar piedras y no sabía si sacar video o seguir intentando quitar escombro junto a muchas personas que estaban en la misma faena. Decidí lo segundo, aunque admito que mi capacidad física no hacía mucha diferencia y la mayoría aseguraba que ya no había nadie en lo que fue su casa.

Es común que los profesores en la universidad te hablen del dilema que se presenta a periodistas entre ayudar o seguir documentando, entre ir por tu familia y seguir en tu labor. El 19 de septiembre del 2017 para mí fue uno de esos días.

La llamada desde el número de mi jefe de información me llevó una vez más a la decisión de que “hay que moverse”, era necesario que fuera a la Redacción. La mayor parte del territorio del estado enfrentó la suspensión de energía eléctrica y otros servicios como agua potable.  “Se caía el internet” y había una edición del periódico que sacar adelante.

En el trayecto a las instalaciones del periódico comenzó el nudo, ése que duró casi dos meses, el que subía a la garganta cada que acudíamos a diferentes comunidades, entrábamos (junto con más colegas) a las viviendas que estaban por caer, cuando la gente que lo perdió todo daba testimonio del desastre, de la tragedia. Cuando debes estar ahí, como hierro forjado con el fogueo, sin perder el lado humano, para conservar la capacidad de asombro para comunicar sus historias, para informar.

Cansada llegué esa noche a la redacción. El jefe de información me dio la orden de redactar la nota de todo el día, con los datos generados hasta el momento.

Me sentí abrumada, me preguntaba cómo plasmar lo sucedido, pues ni siquiera había un reporte confiable o al menos oficial de cuántas personas habían muerto. Se desconocía que en Morelos al menos 74 personas perdieron la vida por el temblor, y sólo el área de Protección Civil federal daba un conteo preliminar de 45 decesos.

Literalmente, le pedí al jefe que me “regañara”, que me ubicara, pues evidentemente llegué “muy acelerada” como para sentarme a redactar frente a la temida “hoja en blanco”, sin saber qué había pasado con mi familia (además, con la sensación de culpa por no quedarme a mover más piedras).

Me dijo con su particular exhalación cuando toma paciencia y su estilo directo (palabras más, palabras menos): “como tú sabes, toda mi familia es de Jojutla, ahí vive mi mamá, mis amigos, mis vecinos y no hay comunicación. No sé nada de cómo están, no sé si hay muertos, no sé lo que encontraré cuando por fin pueda ir, ha sido muy pesado para todos”.

“Entiendo y casi me pasa lo mismo, uno quisiera salir corriendo para ir a ayudar, a ver qué está pasando, pero somos periodistas y esto es lo que hace un periodista. De esta forma es como colaboramos, informar es nuestro trabajo. Así que tómate unos minutos, pero comienza ya la nota”, y me señaló la computadora y me acercó la silla. Luego siguió con su rápido subir y bajar en las oficinas.

Eso sí, el jefe accedió a calmar mi histeria generada por las temidas réplicas que podrían suceder: abrió el candado de la puerta de emergencia del área de información.

En la redacción también permanecieron los compañeros editores Esdras, Jorge y Arturo. Con el característico humor negro de muchos periodistas, me apoyaron como equipo, para confirmar datos y retomar en lo general la información de otros reporteros de la misma casa editorial.

Finalmente logré hablar con mi hija de 11 años y con las tías que salieron al quite para ir por ella y cuidarla durante la siguiente semana, pues la información no acaba.

Las jornadas para las y los compañeros reporteros fueron de tiempo completo, sin tregua ni para procesar el susto. La del 19 de septiembre nunca terminó, la madrugada del 20, el propio gobernador Graco Ramírez, contestó uno de mis mensajes desesperados de Twitter para confirmar oficialmente que no habría clases en Morelos, como en el resto de los estados golpeados por el sismo, hasta nuevo aviso.

 

 

 

 

Publicado en Sociedad
logo
© 2018 La Unión de Morelos. Todos Los Derechos Reservados.